Sinrazón

Tras la sentencia por sedición y malversación dictada por el Tribunal Supremo contra políticos catalanes y representantes de la sociedad civil se ha tensado aún más la cuerda.

A la chapuza catalana, la justicia española ha respondido con una contundencia desmesurada. La sentencia ha sido un golpe sobre la mesa, una clara advertencia a los futuros movimientos del independentismo y huele a venganza.

A estas alturas no debería ser necesario decir que la situación se nos ha ido de las manos. La voracidad del electoralismo salvaje demostrada por los políticos de todos los colores ante las inminentes elecciones de noviembre no ha ayudado a calmar los ánimos.

Los políticos siguen instalados en la irresponsabilidad y el infantilismo, reprochándose los unos a los otros que no hay intención de dialogar. Pero es que el diálogo es inútil cuando las partes mantienen posturas inflexibles. Nadie asume su parte de culpa porque el culpable es siempre el contrario.

Estoy cansado del mismo discurso victimista de los independentistas que solo ven el remedio que han comprado como la única solución posible a un problema enquistado. Estoy cansado del egocentrismo de un Estado que no sabe mirarse a sí mismo en la diversidad de identidades. Estoy cansado de las exhibiciones de patriotismo de parvulario, de las banderas colgadas en los balcones y ondeando por todos los rincones de los espacios públicos. Estoy cansado del “a por ellos” y de esa parte de los españoles que encuentran en el asunto catalán la oportunidad para liberar sus pulsiones patrióticas y rememorar con nostalgia tiempos que en muchos casos ni siquiera han vivido. Estoy cansado de violencia verbal de los tertulianos iluminados y de su aporte a la desinformación y la confusión general. Estoy cansado del ruido que producen los clarividentes que auguran un futuro convulso. Estoy cansado de la manipulación informativa, de los bulos, de la pérdida de objetividad y de la capacidad de análisis. Estoy cansado de los totalitarismos del sí o del no, del blanco o del negro, de tener que posicionarme en todo momento a favor o en contra con las evidentes consecuencias que eso conlleva. Estoy cansado de mirar a un lado y otro del territorio y de comprobar que la sinrazón campa a sus anchas con total impunidad. Estoy cansado de los pirómanos e incendiarios de diversa índole. Estoy cansado de los que dicen dar la cara y de los que se esconden en tierra de nadie para evadirse de sus responsabilidades. Estoy cansado de la desvalorización de las palabras democracia, libertad, derechos. Estoy cansado de las absurdas comparaciones de Barcelona con Alepo o Bagdad, o de la equiparación de la lucha del pueblo catalán con la de los ciudadanos de Hong Kong. Estoy cansado de los que no condenan la violencia porque eso les puede restar votos y de los que la condenan y exigen la aplicación del estado de excepción en Catalunya porque eso les suma votos. Estoy cansado y aburrido de la intolerancia y del ombliguismo. Estoy cansado de políticos incompetentes, necios, arrogantes e ineptos.

El día que se encienda la luz muchos saldrán corriendo  a esconderse como las  cucarachas.

Fernando Prado.

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