Yo quiero ser como Mafalda

Durante una temporada larga, todos los domingos acostumbrábamos ir a comer a casa de Guillermo “el argentino”, eran principios del 90. Él llevaba años viviendo en la ciudad de Guadalajara en México, salió de su país huyendo de la dictadura de Videla. En cuanto pudo, se trajo también a su padre. En el patio de su casa asaban carnes, me parece que lo llamaban churrasco, también chorizos y demás, todo en cantidades generosas. Un día hicimos el cálculo de cuantas vacas se habría comido su padre en sus noventa años de vida, salía a media vaca por año, es decir, 45 vacas el solo.

Guillermo contaba muchas historias memorables y graciosas, pero mis favoritas eran cuando hablaba de Quino. Cuenta que en una cafetería cercana a la universidad, Quino acostumbraba sentarse en la mesa a beber algo y trabajar un poco, llevaba un portafolio del cual sacaba un teléfono (de los de disco para marcar), sacaba un despertador, sus plumas y libretas, si te acercabas a él para decirle algo, te pedía amablemente que usaras la bocina del teléfono para hablar, entonces él te respondía, como si te devolviera la llamada. Seguía con sus dibujos, cuando de repente sonaba el despertador, lo apagaba, recogía sus cosas y se iba. Me hacía tanta gracia imaginármelo haciendo eso.

He leído a Mafalda, tenía casi todos los librillos cuando vivía en México, y ahora aquí en Galicia me regalaron la edición del 50 aniversario, además de la protagonista, mis personajes favoritos son Miguelito con su reflexiones existencialistas y el pequeño Guille con sus arrebatos efusivos y vitalistas. También me gusta mucho su libro “Ni arte ni parte” donde reflexiona sobre: las disciplinas artísticas, el público, la clientela, las obras, él y la artista, lo usaba con mis alumnos y alumnas en todas las clases de arte que impartí en el bachillerato. Lo recuerdo con cariño y las caras de ellos y ellas, cuando veían los dibujos de Quino, como el de aquel violinista que en un pequeña habitación, dibuja en los muros perimetrales un montón de orejas, cuando termina, se pone en el centro, saca su violín y comienza a tocar apasionadamente.

Con la muerte de Quino me surgieron varias preguntas: ¿De verdad a tanta gente le gustaba Mafalda? y sí es así, ¿Por qué nuestro mundo sigue siendo una mierda? Mafalda era feminista, muy crítica con el capitalismo y con el neoliberalismo, pacifista y antisistema, era casi una anarquista. Por lo que supongo, que si tanta gente conoce a Mafalda, y la leyó con atención, aún habría esperanza.

Aspiro a ser como Mafalda, o como Miguelito, o como Guille, y que nadie me gane a cadiñazos.

Gracias Quino.

Augusto Metztli.

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