La memoria bajo tierra

Un día Manolo, el padre de Marthazul, me contó que su tío José (también conocido como el Científico) estuvo escondido durante tres años bajo tierra, en el espacio que entonces ocupaba la cocina de la casa familiar. Su madre le bajaba comida, libros, aseo y toda clase de artilugios para que trabajara. Al ser acosada por la Guardia Civil, ella les decía que no sabía nada de José, pero que si fuera por ella, lo volvía a su vientre, que ahí estaría más seguro.

Estuvo tres años escondido, para no ser represaliado. No sabemos exactamente cómo pudo salir y no ser ejecutado o desparecido. Cuando Manolo le preguntaba dónde estaba exactamente aquel refugio en el que vivió, él le respondía: -Si hay una guerra, lucha, huye, pero no te escondas aquí.

Desde que llegué a Galicia, he conocido muchísimas historias de este tipo, o las atrocidades que les hacían a las mujeres vinculadas a la República, el robo de niños y niñas, en fin…

Dicen que la Guerra Civil la ganó México, con tantos y tantas republicanas exiliadas y que se incorporaron a la sociedad mexicana y ayudaron a reconstruir un país pos-revolucionario. Pero hubo cientos de miles que no, y muchos de ellos fueron represaliados, asesinados y enterrados en cunetas a lo largo de la geografía española, o en fosas comunes como la de Vilagarcía de Arousa, el pueblo en donde vivo.

En el cementerio de aquí, hay una fosa común que cuando supe de su existencia, me conmovió mucho, así como el relato sobre el tío José. Porque son historias que ves, que palpas, están ahí enfrente. En el 2012 hice una serie de pinturas y objetos sobre el tema, la exposición se llamó TOPO, aquí puedes ver el catálogo.

Después de catorce años, sigo sin entender cómo la sociedad española llegó a este punto, pero algo ha cambiado, casi noventa años después. Por primera vez en la historia, por lo menos de Galicia, han comenzado los trabajos para recuperar los cuerpos de entre 16 y 19 personas asesinadas y después enterradas en la fosa común del cementerio de aquí, financiados con dinero público de la ley de «Memoria Democrática», dados a la Xunta de Galicia y gestionados a su vez por la Universidad de Santiago de Compostela.

Fui a registrar el trabajo de los arqueólogos y arqueólogas y peritos, de la empresa Tempos Arqueólogos y de la USC, y pude preguntarles, hablar con ellos. En ese momento habían avanzado un metro bajo tierra. No saben con certeza si encontrarán a los que buscan, pero sí saben que es el comienzo (muy dilatado) de hacer eso que se llama Memoria Democrática. Lo que se haga aquí, será replicado en el resto de Galicia, por eso es tan importante.

Augusto Metztli.

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