Grosse Fuge

Hace casi doscientos años Beethoven compuso la que es, en mi opinión, una de las obras más revolucionarias de la historia de la música. La Gran Fuga, Op. 133, fue originalmente concebida como el último movimiento para su Cuarteto de cuerda número 13, Op. 130, pero tras ser condenada por críticos y músicos de la época -para el propio Louis Spohr era un horror indescifrable e incorregible- acabó siendo publicada por separado. Beethoven, que moriría no mucho después, en 1827, alegaba que no había compuesta dicha pieza para el presente, sino para el futuro.

Es una obra técnicamente compleja a nivel interpretativo y poco accesible para el público debido a su vehemencia, su ritmo impetuoso, las disonancias armónicas y su extensión de alrededor 16 minutos. A mí me fascina. Siempre que la escucho me imagino flotando en un globo, alejándome de todo, rumbo a ninguna parte; cuanto más me alejo, más me acerco al silencio, al vacío, al olvido. Es una sensación hermosa porque al final intuyo que me reconcilio conmigo mismo, que los nudos de mis emociones se deshacen, y que mientras surco la negritud del espacio infinito estoy en paz.

Fernando Prado.

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