Más allá de Petit Garage

La ocurrencia de un calamar robótico brillando entre búhos y cerdos. Oficina de alienígenas. Hermanas y un tío que no era tío perdido en delirios habaneros. Jarabes y horarios extraños para cerrar un evento de Cultura segura en aquel momento de libre acceso y sin ola contagiadera.  Una banda de músicos tan talentosos (musicalmente hablando) como lo infinito de sus rizos.

Sabía de la historia de Ara por lo que mi amiga Loli me contaba, por sus árboles besados en aquel ilusionante viaje a Armenia, y poco más.

A finales de este verano vi “Una vida entre las cuerdas” dirigido por Nata Moreno. Me impactó mucho más de lo que imaginaba, en especial el sentimiento y la realidad de vida de artista a pesar de todas las dificultades socio-políticas.

Sentirme afortunada de escuchar la historia creada por Kairo y vivir la experiencia al completo en primerísima persona, viendo y escuchando al protagonista cuentacuentos y mago del violín, Ara Malikian, fue inolvidable.

No estaba nada planeado, y la improvisación jugó a nuestro favor como reflejo de una amistad que creía tan sincera como peculiar desde hace décadas, con acceso para los increíbles pases de aquella tarde soleada y noche de discreta luna creciente.

Abrí mi mochila arbórea, olvidada desde la última vez que pisé CDMX, para guardar mis porsiacasos diabéticos, agua, frutas, almendras, un bolígrafo de colores, una libreta en blanco que se llenó de renovados azules, un regalo trueque que se fue al olvido y ya.

Nervios compartidos, expectación, silencio y un rotundo prohibido grabar. De ahí salieron estos dibujos “sin ver”, que necesité trazar a oscuras en un papel sobre mis piernas, mientras me dejaba envolver por la música. Comienza el show y desde las primeras notas hasta las últimas, pude saborear todo el repertorio desconocido para mí hasta entonces. Fue algo así como percibir el inexplicable equilibrio de colores con sus luces y sus sombras en un cuadro bien pintado o la deliciosa mezcla de ingredientes en una receta bien elaborada. Todo sonaba y se escuchaba genial. Era un paréntesis espacial y palpable en tiempos de pandemia infinita en «este mundo que no pertenece a nadie».

La buena onda musical que transmite la banda al completo es cierta, y eso se nota cuando lo viven tanto arriba y como abajo del escenario. Además llega al público de una manera especial y única que no siempre se percibe. Que la profesionalidad y la naturalidad de Ara Malikian, Iván Melón Lewis, Iván Ruiz Machado, Dayan Abad García y Georvis Pico Milian vayan de la mano, es tarea delicada, y cuando surge es una maravilla, como ver un espectáculo de natación sincronizada sobre el escenario. Pero la misma facilidad tienen para solapar malentendidos con silencios absolutos que convierten en actos machistas.

Emoción, cercanía, libertad y arte entre artistas. Sentí que había sido lo mejor de mi otoño, pero se convirtió en lo peor de mi invierno.

Dayan: Gracias por este “agasallo máxico” que convertiste en engañoso y humillante. Que tu silencio apague tu música, con la de «tu ángel» y los demás. En tus manos está saber hacer el mejor arreglo para esta canción.

Marthazul (octubre 2021 – abril 2022).

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