En los años de esplendor de este País de las Maravillas muchas ciudades españolas se gastaron millones de euros en la construcción de auditorios, palacios de congresos, puentes o aeropuertos encargados a los más cotizados y prestigiosos arquitectos. Esas obras acabaron costando mucho más de lo previsto y se convirtieron en símbolos del progreso, de lo bien que nos iba a todos, de lo modernos que éramos, pero también del despilfarro y la locura. Aeropuertos sin aviones ni pasajeros, puentes que no pueden ser cruzados sin riesgo de caída en los días de lluvia, auditorios sin conciertos y sin espectadores, edificios y estructuras que se caen a pedazos pocos años después de haber sido construidos. Es la arquitectura de lo inútil.
Fernando Prado

