Hablar sobre flores

Se supone que debíamos aprender de flores en los libros, encerrados entre cuatro paredes, con un horario como si fuéramos niños y niñas maquiladoras, por lo menos en mi caso. Debíamos aprender de ellas sin tocarlas, sin olerlas, sin verlas, sin agacharnos a su altura a contemplarlas, sin recorrerlas por todos sus ángulos, sin verlas interactuar con los insectos, con el aire, con otras plantas, con otras flores, con el sol, sin el sol.

Por eso está claro, que no aprendí nada. Con los años he vuelto a las flores, ahora me fijo lo mejor que puedo en ellas, sobre todo en las silvestres, me encantan, son tan rebeldes. Pero también ahora estoy pendiente de sus ciclos y del destino final de muchas de ellas, ser fruto. Es fascinante ver crecer a un jitomate que antes fue flor, o una fresa, una frambuesa o una mora.

Me impresiona el aroma de la flor del naranjo, cómo puede llenar el ambiente de fragancia una cosa tan pequeñita. Los girasoles y sus semillas, son tan fractales, es un deleite perderte en su inmenso orden.

Comprar flores para llevarlas a casa era algo que me causaba cierta contradicción, poco a poco he cambiado de opinión y ahora disfruto de hacerlo de vez en cuando. Sobre todo desde que conocimos a Charo, una de las floristeras del mercado del pueblo. Hace unos ramos bellísimos, los compone muy bien, pero lo que me gusta de ella además de sus ramos, es su forma de hablar sobre las flores, el acomodo que hace de ellas en los cacharros donde las guarda y exhibe, su forma de tratar a cada flor para entregártelas, lo hace con respeto y amor. Obviamente se sabe todos lo nombres y todas las formas de llamar a una misma flor. Y si le preguntas lo que sea, te responde con atención y paciencia.

Las gerberas son muy especiales para mí, Charo fue la que nos dijo que aquí en Galicia pueden vivir, que el clima de la Ría de Arousa es favorable para ellas. Cuando le preguntamos que cuántas de las flores que vendía eran de por aquí, prácticamente nos nombró a todas las que tenía, ella cultiva la mayoría pero también hay gente de la zona que cultiva para ella. Son flores de cercanía, exentas de los pesticidas de las que vienen de sitios como Países Bajos principalmente (lo de los pesticidas lo sé, por una amiga floristera también galega). Ahora tengo conciencia de lo beneficiosas que son todas las flores, son refugios coloridos de los ecosistemas y en todos los niveles.

De enero a diciembre hay flores, tanto silvestres como cultivadas, así que puedo aprender de ellas siempre. Yo creo que de niño me hubiera encantado hacerlo como ahora, pero no lo hice, por esa manía que tenemos de aprenderlo todo encerrados, mirando fotos de algo que podemos apreciar en su totalidad a unos pasos de ahí.

Entonces, seguiré mirando flores y aprendiendo de ellas como si fuera niño.

Augusto Metztli.

*¿Te gustó el artículo y la ilustración? ¿Nos apoyas con 2$, 5$ ó 10$ al mes en patreon? o también puedes hacerlo en Ko-fi a partir de 3€. Llevamos más de ocho años ilustrando la actualidad. GRACIAS

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.