
En el barrio donde vivía en Caracas había un pequeño centro comercial. Comencé a frecuentarlo en algún momento de mi adolescencia y cada vez que podía visitaba las tiendas de discos en las que, muy de vez en cuando, me compraba un CD. Visitaba una librería en la que vendían revistas extranjeras y allí hojeaba publicaciones como Guitar Player, Guitar World, Metal Hammer, Thrasher y muchas otras hasta que me echaban alegando que no podía tocarlas si no las compraba; y también otra librería especializada donde acabé comprándome una edición del diccionario Harvard de música.
En la planta superior estaba el cine. Era un local pequeño en el que de vez en cuando programaban ciclos de películas italianas, francesas, españolas. Fue grato descubrir que el séptimo arte se extendía más allá de las grandes producciones -generalmente comerciales y, en consecuencia, más asequibles- de Hollywood. Dicha revelación lo acabó convirtiendo en algo indispensable. Aquellas tiendas y aquel viejo cine eran pequeñas ventanas por las que me asomaba a un mundo casi inalcanzable en el que me sentía tremendamente bien.
Desde hace unos años soy suscriptor de Filmin, para mí, sin ninguna duda, la mejor plataforma. He conocido directoras y directores interesantísimos, actrices y actores excelentes, y he visto ingentes cantidades de películas, series, documentales. Estoy pendiente de los estrenos, de sus recomendaciones, de los ciclos que dedican a festivales. Aprendo constantemente y disfruto. Además, me he dado cuenta de que soy, entre otras muchas cosas, un actor frustrado. Actuar, pienso ahora, sería tan orgánico. Al fin y al cabo, llevo casi toda la vida interpretando el papel de un personaje que no soy yo.
Fernando Prado.
*¿Te gustó el artículo y la ilustración? ¿Nos apoyas con 2$, 5$ ó 10$ al mes en patreon? o también puedes hacerlo en Ko-fi a partir de 3€. Llevamos más de ocho años ilustrando la actualidad. GRACIAS
