Hijos de puta

Para que una palabra, una frase, se conviertan en insulto o amenaza importan mucho el tono y la intención. Mi jefe, mi madre, la vecina del perro, el niño de la pelota, la pija, el perroflauta, el poli, el facha, el rojo, la negra, el moro. Somos todos unos hijos de puta.

En el caso del “hijo de puta” de Ayuso capturado por las cámaras en el Congreso y dirigido a Pedro Sánchez es obvio que el insulto brota de las entrañas de la Presidenta de la Comunidad de Madrid, pues sabemos que lo suyo no es sólo rivalidad política, sino que va mucho más allá. Yo, particularmente, no lo veo demasiado grave. Me parece más grave su pésima gestión de la sanidad pública madrileña, los retrocesos en derechos y protección de la comunidad LGTBI, las bondades fiscales selectivas, en fin, la lista es muy larga. Pero lo que me resulta sin duda más grave es su clasismo, su soberbia, su odio a quienes piensan y sienten diferente, su discurso reaccionario y pirómano, discurso que emite a diario y en riguroso directo cada vez que tiene ocasión y que es amplificado por su partido, medios de comunicación afines, tribunas, editoriales, platós, redes sociales y energúmenos en las calles.

¿Puede y debe un político proferir esos insultos a sabiendas -no vayamos ahora de inocentes- de que está siendo grabado y que será visto por millones de personas? Puro marketing.

Fernando Prado.

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