
Si hay algo que siempre me ha molestado es la facilidad con la que algunos políticos (o civiles que acaban vinculados a la política) cambian de camisa. Pasan de una formación a otra como si nada, sin importar las ideologías o los programas. Puede que en algunos casos se trate de una grave incongruencia, pero en otros es mera conveniencia, la necesidad de estar arropado por quienes nos ofrezcan mayores garantías y sepan velar mejor por nuestros intereses personales.
El caso de Lluis Llach, recientemente elegido presidente de la ANC -esa secta-, es curioso. El excantautor catalán exiliado durante años en París, exvotante de la CUP y ahora devoto de Carles Puigdemont fue entrevistado por Gemma Nierga en el programa Cafè d´idees (RTVE). Después de lamentarse hasta la náusea de los errores de los unos y de los otros -sin aplicarse ni una pizca de autocrítica- se lía con la inmigración. Es en ese momento de la entrevista (minuto 26, aproximadamente) cuando parece salir del sopor para concluir de la peor manera posible -haciendo referencia al parafascismo– que la inmigración es un problema estructural que debe ser resuelto.
El problema es la falta de claridad. Y de coherencia. Y de valentía. Esa cosa tan catalana del juego de máscaras para confundir siempre las intenciones con los hechos -y viceversa-, para no saber nunca de qué se está hablando cuando en realidad no se esta hablando de nada, del simbolismo vacuo y trasnochado empaquetado como vanguardia. Lo que haga falta con tal de no bajarse del columpio.
Fernando Prado.
*¿Te gustó el artículo y la ilustración? ¿Nos apoyas con 2$, 5$ ó 10$ al mes en patreon? o también puedes hacerlo en Ko-fi a partir de 3€. Llevamos más de diez años ilustrando la actualidad. GRACIAS
