
¿Se puede ser colonialista en siglo XXI? Sí, por supuesto. Hay casos a patadas. El colonialismo, de hecho está profundamente arraigado en el ideario de una parte de la sociedad española. Lo que pasa es que se intenta confundir, con mayor o menor éxito, con globalización, libre mercado, etc. Se suaviza el concepto, se lava y se cuelga al sol para que blanquee, luego se le añade una pizca de épica y dos o tres puñados de romanticismo. El resultado es conseguir que un personaje como Hernán Cortés parezca un tipo majo gracias a su relación con La Malinche, una mujer nahua que se convirtió en su intérprete y consejera.
La Policía Nacional detuvo a Nacho Cano por contratar presuntamente a migrantes en situación irregular para el musical Malinche, tras recibir denuncias de varios trabajadores del espectáculo que lo acusan de delitos contra los derechos de los trabajadores y de favorecimiento a la inmigración ilegal. Posteriormente fue puesto en libertad a la espera de ser citado por el juez que investiga los hechos.
Gran Cruz del Dos de Mayo de la Comunidad de Madrid, protagonizó con IDA un patético idilio de peloteo mutuo. En la comparecencia después de su detención negó las ilegalidades de las que se le acusa y afirmó que se trata de una operación contra él por apoyar a Ayuso. Hay frases que son joyas: “como han ido a por el novio, el hermano y el padre, el único que les queda soy yo”; “el criminal no soy yo, el criminal es la Policía”; “si me encuentran muerto en una cuneta ya saben quién ha sido”.
Tiene esta gente un talento asombroso para autoproclamarse salvadores y condenados, virtuosos y mártires, gente de bien y perseguidos. Son empresarios ejemplares y ciudadanos sensibles que se lamentan, compungidos, la mano en el pecho, la mirada vidriosa, que ya no hay libertad, no como antes. Lo que pasa, queridos, es que ya no es tan fácil ser un explotador, un negrero, un proxeneta, un genocida -bueno, esto último todavía sale barato- y os indignáis y os enfadáis como niñatos malcriados. Ocurre, a veces, que sucumbís bajo el peso de vuestras propias palabras vacías y veis conspiraciones -¿o serán atisbos de justicia?- por todas partes.
Fernando Prado.
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