Con la luna llena de abril, me subí a varios trenes destino León. Sola y solo para ver la exposición “En búsqueda del origen” de Ana Mendieta en el MUSAC.
Supe de ella antes de comenzar la universidad, porque la profe de lingua me prestó su catálogo, que fotocopié y me acompaña siempre desde finales de los 90’s. Había visto por casualidad un par de fotos suyas en una colectiva en la ciudad de Puebla, en un viaje por México a finales de 2009. Hace unos meses vi, por fin, una exposición completa de Ana Mendieta, con fotos, vídeos, instalaciones, dibujos y algunas pinturas originales.
Algo más que los astros se alinearon para poder estar allí la penúltima vez que iban a activar la obra Ñáñigo burial que tanto me inquietaba. Ver el fuego en directo, de las velas negras prendidas al ser día de luna llena, sobre el suelo del museo formando una de sus tantas siluetas, me emocionó mucho. Al día siguiente regresé para verla apagada y con velas nuevas, que volverían a prenderse para su clausura que fue en mayo.
Las dos tardes en el museo (a las que accedí gratis por casualidades de la vida) intenté captar la esencia de las obras de Ana. Hice tantas fotos y videos hasta donde estaban permitidos. Vi los videos proyectados por delante y por detrás. Me detuve a contemplar la instalación del bosque con elementos de los montes leoneses, y me despedí besando una rama de uno de esos árboles para mi colección.
También dibujé muy rápido, algunas piezas que me llamaron la atención según se me ocurría interpretarlas. Era algo que me daba vértigo emocional, porque eso solo lo había hecho viendo a artistas de escenario y no me apetecía repetir la sensación. Hice unos dibujillos frente a las obras, en directo pero en apenas unos segundos, la mayoría sin público alrededor. En algunas hice un intento de copiar la letra manuscrita de Ana, se me hacía algo muy cercano ante su ausencia vital, en otras simplemente copié datos de las fichas técnicas.
Ahora, meses después de aquel viaje buscando parte de mis orígenes, me atrevo a publicar esos trazos de mi cuaderno de viaje, donde escribí mucho más.
Después de ver la expo y leerme el catálogo (que esta vez no fotocopié, si no que pude comprarlo antes del viaje) con textos de gente como Álvaro Fominaya, el director del MUSAC, y Raquel Cecilia, la sobrina de Ana que tan bien sabe cuidar su legado, conocí muchos más aspectos de su obra, de sus motivaciones, y de su vida y planes como artista, ajena a dramas y habladurías que no resuelven nada.
Maravilloso auto regalo poder ver tantas de sus obras, especialmente: todas las siluetas hechas en Oaxaca, Itiba Cahubaba en papel amate, Sandwoman con arena y conchas, y “las pequeñas fotos” de Tree of live y la maravillosa Imagen de Yágul, dos de sus obras que me acompañaron e inspiraron demasiado desde siempre.
Marthazul
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