
Vivo prácticamente incrustado dentro de un parque natural al que acudo casi cada día. Adentrarme en el bosque, recorrer sus senderos y caminos -ya sea caminando, corriendo o en bicicleta- entre alcornoques, encinas, pinos, robles o castaños, ser testigo de los cambios de estación, escuchar, ver y sentir a las criaturas que lo habitan es, para mí, un privilegio.
Después de un verano breve llega precipitadamente un otoño de amaneceres perezosos y atardeceres anaranjados. Es época de setas, de castañas, de nueces y avellanas, de moras y frambuesas. Llevo años siendo testigo de cómo los parques naturales de la zona -Montseny y Montnegre i El Corredor- se llenan de un gentío -y sus perros maleducados- que, bajo el pretexto un poco estúpido de “la montaña es de todos”, aparcan sus coches y furgonetas donde les place, destrozan los árboles para coger sus frutos, siembran el lecho del bosque de colillas, latas, bolas de papel de aluminio, mondas de plátano, envoltorios de barritas energéticas.
Si vas a la montaña disfruta, respira, flípate creyéndote un súper deportista, pero, sobre todo, procura causar el menor impacto posible y llévate tu basura contigo.
Fernando Prado.
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