
Rosario Castellanos en una entrevista dijo que «El único verdadero amor a la patria era la nostalgia por la comida», para mí no es el único amor pero sí uno muy importante. Previo a que empiece noviembre, en México empiezan las panaderías a vender toda clase de «panes de muerto/a», cuando vivía allá lo disfrutaba y comía con gusto porque es muy sabroso, pero lo normalizaba. Los primeros años viviendo aquí en Galicia, me apetecía mucho comerlo, pero nadie lo hacía, solo estaba la opción de prepararlo en casa. Alguna vez Marthazul lo hizo y quedó rico, pero no deja de ser un rollo esa opción.
En el 2018, nos dijeron que dos panaderías en el pueblo hacían un pan mexicano que se llamaba «pan de muerto», una era la de «Alonso» y la otra la «Yoli». Desde que lo supimos, lo comprábamos en la «Yoli», los panes eran más grandes que los que hacen en México, y tenían más matices y texturas que los de allá, eran muy sabrosos. Este año dejaron de hacerlos, así que busqué otras opciones, y como en «Alonso» sí lo hacen, lo he llevado de ahí, también les queda muy bien, es distinto al de la «Yoli» pero es rico. Sé que en más sitios de Galicia lo han incorporado a su oferta de noviembre. En Vigo he probado el de «Me late chocolate» junto con las deliciosas conchas que también prepara, y hace unas semanas de la panadería «Bekari».
En algunas panaderías, la elaboración la hace gente de México, y en otras gente galega siguiendo la receta. Por el camino se pierde parte del significado de ese pan. Pero igualmente me hace ilusión comerlo. Finalmente es sincretismo de ida y vuelta, y de ida y vuelta otra vez.
Comerlo a miles de kilómetros de distancia, pone pausa a la nostalgia, revive ese amor del que habla Rosario Castellanos.
Augusto Metztli.
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