Nos odian más por ser pobres que por ser de «fuera»

En el aeropuerto de Ciudad de México, muchas personas de las que íbamos a Guadalajara, era porque íbamos a la FIL (dedicada España). Una de las trabajadoras de la línea aérea nos pidió que facturáramos el equipaje de mano, porque el avión estaba lleno. Como voluntariamente pocas personas accedieron, al final nos obligaron a hacerlo a los últimos en abordar, uno de ellos, el que tenía delante, era un joven muy alto, de pelo canoso con tupé, era español e iba trajeado con un «corte moderno». Él en tono altivo, les dijo a las trabajadoras que no podía facturar su maleta, porque llevaba cosas muy importantes para el ministro de cultura español, no entendí muy bien, pero también mencionó al rey. En fin, que le dijeron, que sacara eso tan importante y lo llevara en cabina, pero al final, mejor le dejaron llevar su maleta porque la había abierto en medio del pasillo de abordaje colapsando el paso. Al llegar a Guadalajara y para salir del avión, una locución nos dijo, que saldríamos en orden, primero las filas de adelante y al último las del final, él, que estaba en las de en medio, decidió que no esperaría, se levantó y a punto estuvo de irse, cuando desde el altavoz le pidieron que se sentara y que debía esperar su turno como el resto. Él actuó así por clasismo, prepotencia, racismo y blanquitud. Porque los panchitos no podemos dar indicaciones, debemos obedecer allá donde estemos, incluso en nuestro propio país.

Me acordé de esa escena por las dos declaraciones racistas y clasistas de Ayuso y Rufián, dos políticos, una madrileña y el otro catalán. Ayuso respondiendo sobre migración a los fascistas de VOX dijo: «Alguien tendrá que limpiar sus casas, recoger sus cosechas y poner los ladrillos en nuestras casas». Y días antes en el Congreso, Rufián decía: «Le pido a la izquierda que hablemos de seguridad, aunque incomode, sin la exageración de unos, ni la negación de otros, porque es un problema que existe. Que hablemos de migración, y evidentemente no lo estoy vinculando, pero basta poner 5 minutos la oreja en un barrio o hablar 10 minutos con un alcalde, para saber que los flujos migratorios, como siempre ha pasado, como le pasó a mis abuelos de Andalucía llegados a Catalunya hace 70 años, que los flujos migratorios son un reto para lo barrios. Un reto que se tiene que basar en la seguridad, en la integración y en el respeto, porque estamos en sociedades donde todo el mundo tiene derechos y obligaciones, te llames Javier o Brahim…»

En el imaginario de Ayuso y el colectivo, esos son los trabajos que hacemos y que debemos hacer, porque son los que la gente de aquí, si puede elegir, prefiere no realizar. Para unas somos eso, personas utilitarias, que debemos obedecer y servir. Para Rufián, somos un reto, no nos vincula a la inseguridad, pero la deja caer, y dice que tenemos derechos y obligaciones. Ahí hay que precisar, las personas con NIE tenemos todas las obligaciones de una persona con DNI, pero no todos los derechos (no podemos opositar, hay muchas ayudas a las que no accedemos, subvenciones, becas, estudios, no podemos votar ni en las generales ni en las europeas, y algunas nacionalidades sí pueden en las municipales, pero según acuerdos entre países y un largo etc).

Hubo gente migrante con doctorados, maestrías, idiomas y trabajos «altamente cualificados» que se indignaron con Ayuso por relacionarles con un tipo de trabajo del sector servicios… Me resulta curioso, contra argumentar con clasismo. Yo siempre recomiendo el trabajo de camarero (mesero) o ayudante de camarero (garrotero) es una actividad que te permite desarrollar habilidades mentales y espaciales que sirven para muchas circunstancias de la vida en general, además me gusta hacerlo, cuando llegué busqué por todos lados trabajo de ello, y finalmente me contrataron en un estudio de arquitectura en «B». Los empleos, no son el problema, son los derechos sociales, el pago por dicho trabajo y las condiciones laborales del mismo.

Los flujos migratorios, no son un reto, los derechos y justicia social sí. Cuando estos se cumplen, el racismo y el clasismo no pesan tanto en las sociedades. No nos hagan culpables de su cobardía.

En aquel avión a Guadalajara, iba sentado al final del todo, fui el último en salir.

Augusto Metztli.

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