
En México, que yo recuerde, siempre nos hemos referido como «Super tazón» al «Super bowl» de la NFL, para mí no era significativo ni tampoco le daba importancia a los conciertos del principio y del descanso de medio tiempo, de hecho, ni sabía que se hacían. Me enteré en el 2022 de su «trascendencia mundial» con el espectáculo de Dr. Dre, Eminem, Snoop Dogg, Mary J. Blige y Kendrick Lamar. El único que me sonaba era Eminem. Me pareció muy gringo, así como les gustan hacer las cosas.
Como me daba igual, no le he seguido la pista a los súper tazones siguientes, pero sí al de este año, porque era Bad Bunny el elegido para hacerlo. Lo he comenzado a escuchar desde que publicó su maravilloso disco DTMF y su clara posición antirracista frente a Trump. El hecho de ser el elegido para tocar en el «Super tazón» desquició al caprichoso de Trump, y eso en sí mismo es suficiente para que me agrade, intentó boicotear la decisión, presionó e incluso contra programó un cutre espectáculo para que sus MAGAs (su séquito de fascistas) lo vieran en lugar de a Bad Bunny. Nada funcionó, sobrepasó todos los récords de audiencia, interés y repercusión mundial, como ningún otro en la historia.
Empezó así, un músico joven en un cañaveral de Puerto Rico dice: «Qué rico es ser latino» y entonces aparece Bad Bunny cantando «Titi me preguntó», esa no la conocía, es de sus publicaciones anteriores, más adelante sonaron varios fragmentos del disco más reciente DTMF, poco antes del final, se subió a unos postes de luz y sonó «El apagón» que tampoco conocía y me encantó. Se bajó y se fue escoltado con todas las banderas de países del continente americano y nombró uno a uno con algunas excepciones (supongo que olvidos inofensivos). Hay muchos análisis muy interesantes y donde cuentan multitud de detalles de lo que significó cada cosa de la puesta en escena, el de «El minuto a minuto de la Super Bowl de Bad Bunny- Mañana más», es de los que más me agradaron.
También hubo muchas críticas, diciendo que eso es un espectáculo, que es comercial, que no es una revolución. Pues sí, eso es una obviedad, es la NFL. Pero la emoción que nos despertó a muchas personas tiene raíces más profundas, son cuestiones que nos atraviesan desde nuestra infancia. Para mí fue muy especial, todo me pareció una reivindicación a nuestras vidas, a nuestro día a día como latinoamericanxs. Me sobraba Lady Gaga con su complicidad sionista, y la explotación y violencia que ejerce Zara en el mundo (el vestuario de Benito lo hizo la marca galega). Y me ha faltado una defensa más frontal a la causa Palestina por parte de Benito.
Yo no sabía que nuestros acentos y forma de hablar daba desconfianza o se consideraba de «segunda» y que se menospreciaba, porque viví 27 años en México y ahí sueno de ahí (sonaba de ahí), aunque sí que había un clasismo y un desprecio a las expresiones y «modos» populares de hablar, por ejemplo, en mi familia de clase media y «estudiada». Siempre me incomodó esa posición e intentaba no participar en ello. Al llegar aquí a España y Galicia, supe que nos decían sudakas, panchitos, oigans y más estupideces como esas. O que no nos alquilaban vivienda, o no nos daban ciertos trabajos, o que te miraban con desconfianza en los negocios o cuando hablabas por teléfono. Lo viví en primera persona y me dio mucha rabia. Poco a poco fui creando estrategias para llevarlo, por ejemplo, me apropié del «Panchito» y siempre que puedo intento decirlo y autodenominarme así, para ser espejo de su racismo. Cada vez incorporo más expresiones en «mexicano» y las comparto con mis colegas galegos y galegas para ampliar nuestros vínculos.
Por eso ha sido especial el disco de DTMF, la posición de Bad Bunny frente a Trump, el que su música y su puesta en escena aglutine a tanta gente contra el racismo. Que todas las reivindicaciones se hayan dicho, gritado y cantando en español, no en castellano, en español. Y que nuestra vida, lo cotidiano, nuestras familias, sentires, infancias, música, ritmos, comida, costumbres y formas de estar en el mundo,hayan sido por un momento visto, admirado y querido por la mayoría, es nuestra victoria, porque el espectáculo del medio tiempo del Súper Tazón no es un fin en sí mismo, es la consecuencia de la lucha colectiva, hemos hecho que se muevan las cosas. Que cambie la percepción, incluso las maneras de luchar por la justicia social y el antirracismo.
Nuestra alegría, nuestra fiesta, nuestros acentos y nuestros cuerpos negros, marrones y morenos son dignísima rabia y presencia. Como antes, como lo son ahora y como lo serán mañana.
Al final del todo, en una pantalla gigante, se leían las únicas palabras empleadas en inglés: The only thing more powerful than hate is love.
Augusto Metztli.
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