
Con Trump -y, en mayor o menor medida, con todos los presidentes de EEUU- pasa lo mismo que con el acosador del cole, el malote del trabajo o el matón del barrio: todos quieren llevarse bien con él. Esa relación, que por supuesto, no es simbiótica, se basa en algo tan primitivo como el miedo, es decir, nadie quiere ser víctima y sufrir en las propias carnes los insultos, humillaciones, palizas, o, hablando ya de política, las amenazas de sanciones, la difusión de bulos y la guerra cultural, la interrupción de apoyos, el cese de acuerdos comerciales, etc.
Al posicionarse en contra de la guerra ilegal que Estados Unidos e Israel han desatado en Irán, Pedro Sánchez se ha convertido en una especie de oveja negra del rebaño de líderes mundiales que rinden pleitesía a Trump, le ríen las gracias o se auto humillan al nivel de María Corina Machado.
Callarse y agachar la cabeza es inmoral. Defender a los tiranos, dictadores, plutócratas y fascistas que nos gobiernan o nos gobernarán en un futuro inquietantemente muy cercano es irresponsable. No considerar a Trump y a Netanyahu como verdaderas amenazas a aquello que llamábamos orden mundial -hoy en día hecho trizas- es de idiotas. Pretender continuar con nuestras vidas como si el mundo no hubiera cambiado peligrosamente en el último lustro es de ingenuos.
Fernando Prado.
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