
De los objetos se espera que sean útiles, que cumplan de manera óptima la función para la que fueron creados. Además, deben ser bonitos, atractivos y estar dotados de una poderosa personalidad que les ayude a mantenerse con soberbia a lo largo de los años. También deben estar construidos con los materiales de la calidad necesaria para perdurar y prolongar su funcionalidad en el tiempo. Pero, al fin y al cabo, son objetos, cuerpos inanimados, materia sustituible y reemplazable.
Están por todas partes y, aunque no reparemos en ellos, existen, tienen forma, peso, ocupan un espacio. El problema con los objetos -con todo, en realidad- es que a veces proyectan una sombra descomunal a pesar de su diminuto tamaño.
Fernando Prado.
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