
Resulta que un pequeño propietario es una persona de clase media trabajadora que, si ya lo estaba pasando mal, ahora lo pasará peor después de que el Gobierno aprobara el pasado viernes un paquete de medidas para paliar los efectos de la guerra en Oriente Medio.
Uno de los decretos establece la congelación temporal de los precios del alquiler y una prórroga de dos años de los contratos que acaban entre en 21 de marzo de 2026 y el 31 de diciembre de 2027. Junts, como es habitual, se mostró en contra de estas medidas y anunció que votará en contra porque “optan claramente por seguir ahogando a las clases medias y trabajadoras”.
Supongo que debe ser frustrante vivir en un edificio modernista en el Eixample barcelonés, tener 4 o 5 pisos (Barcelona es una zona tensionada en la que a aquellos que tienen más de 5 inmuebles urbanos se les considera grandes tenedores) y que vengan los putos rojos a decirte que no puedes subir los alquileres por no sé qué de la guerra. “La clase media está siendo expulsada del Eixample”, no sé cuántas veces he escuchado esta frase -me arrancaría la cabeza y la lanzaría al abismo cada vez que lo hago- pronunciada por personas angustiadísimas que conducen un SUV cuya cuota mensual de renting supera el salario de cualquier currante de a pie -cuando vives un palmo por encima de la superficie es imposible que sepas qué hay debajo-.
No se les puede pedir a partidos como Junts que sean empáticos porque desconocen el concepto de empatía. Por lo tanto, no se van a poner nunca en la piel del trabajador precario, del excluido, del mierda que les sirve el menú, de la inmigrante que les plancha la ropa, del negro que les entrega el paquete de Amazon. El problema no son Junts, el PP o Vox, sino lo que representan; el problema es que existen gracias a sus votantes. Y cada día son más.
Fernando Prado.
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