
Cuando un energúmeno con porra golpee a tu amigo el rojo por hacer una sentada delante de la vivienda de una octogenaria que va a ser desahuciada, cuando un grupo de machitos exaltados le rompan los dientes a tu primo el maricón, cuando a tu padre le salve la vida un médico sudamericano que dobla guardias en urgencias, cuando una mora vaya a casa de tu madre cada mañana a limpiarle la mierda y prepararle el desayuno, cuando a tu hermana la violente un españolito en el portal de un “buen barrio” a plena luz del día, cuando no te quede más remedio que llevar a tus hijos a un colegio público y obligarlos a entrar en un aula llena de negros y panchitos, cuando no puedas pagarles las extraescolares porque tu casero -un nacional, como tú- te ha subido el alquiler -es el mercado, amigo-; no sé, imagino que entonces te preguntarás de quién es la culpa, qué ha pasado, qué te ha llevado a convertirte en un desgraciado.
No son los marroquíes que trabajan en el campo, ni los ecuatorianos que te entregan los paquetes de Amazon, ni los rumanos que te hacen la reforma del baño, ni las colombianas a las que te follas por una miseria. El problema son los parásitos a los que votas, porque -convéncete de una vez- a ellos les importas un carajo, solo quieren tu voto; el problema son los empresarios que se pasan los convenios y la legislación laboral por el forro y boicotean todos los intentos de mejorar las condiciones y los salarios de los trabajadores; el problema son los evasores fiscales, los autónomos que no emiten facturas y cobran en negro; el problema son los pirómanos de los que te rodeas, los vendedores de humo; el problema son los que bajan los impuestos a los patriotas de pulserita, los que desmantelan la sanidad pública, los que recortan en educación y en dependencia, los que maltratan al personal sanitario, al profesorado, los que se burlan del rural y luego lo romantizan con el fin de convertir los lugares de éxodo en pequeños y lujosos paraísos para hacer retiros y desintoxicarse; el problema son los racistas y los xenófobos, los buleros, los intolerantes, los conspiranoicos, los que están en contra de toda diversidad.
Quizás algún día te mires en el espejo -si es que aun conservas alguno- y te avergüences. Tal vez, llegado el momento, solo quieras esconder la cabeza bajo tierra.
Fernando Prado.
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