Esperamos que en este nuevo año haya muchas historias floridas, que ningún idiota de turno pueda arruinar. Historias cercanas, como la de Déborah que conoció al encantador cachorro Balto después de meses, o la abuela Choco que volvió a visitar la tierra que la vio nacer, o el triste adiós a Manolo que le recuerda a los vivos precisamente eso, que están vivos, o escuchar la maravillosa canción de Café de Fer, o que Sara pudo empezar el cole, o el viaje desde Venezuela de la hermana de Rosi, o descubrir que existe Cherán, o que hay niños gallegos que saben lo que es un totopo, o que el cactus de la ventana volvió a florecer.
Augusto Metztli.

