
Llevo 17 veranos aquí en Vilagarcía y sigo sin entender sus fiestas. Por lo tanto, tampoco me gustan, las considero un incordio por muchas razones y no veo que aporten nada, más allá de dinero a la gente involucrada.
La fiesta del agua, es el 16 de agosto, está dedicada a san Roque, uno de los patronos del pueblo al que nadie hace caso, excepto ese día, y es una típica procesión de una iglesia a una capilla por la mañana y de vuelta por la tarde. Hace unas décadas hacía mucho calor y la gente pidió agua y poco a poco se popularizó lanzarse agua porque sí. Y previo a eso la noche del 15 al 16 de agosto, la gente se emborracha, mea, vomita y ensucia todo el pueblo. Lo que más me indigna de esta fiesta es el desperdicio de agua, sobre todo ahora que hay sequía y que en otros pueblos deben racionarla.
Después viene el combate naval, decenas de miles de euros quemados en pirotecnia durante 15 largos minutos, en medio del mar y al lado de una isla protegida como reserva natural. Se supone que recrea la «Batalla de Callao» un acto bélico y colonialista español, de un hecho histórico que aquí a nadie le interesa y que seguro ni conocen, pero se recrean, como sucede en muchos festejos racistas de por aquí, molestando a la fauna y a la gente sensible, y llenando los espacios naturales de basura.
En orden cronológico, sigue «la Batalla de flores» o desfile de carrozas, en su momento, en las carrozas solo participaba la gente de dinero y las ganadoras de los machistas certámenes de belleza, ahora puede subirse cualquier niño o niña, sin importar los apellidos, a pesar de eso, aún tiene ese tufillo clasista, además visten a las infancias con ropa «repipi» que parece de posguerra con colores pasteles (porque está de moda ahora). Desfilan sobre las carrozas, lanzando papeles y confeti por toda la ciudad, dejando todo lleno de basura.
Por último, la festividad absurda que cierra el ciclo sin sentido, es lo que llaman «Noite meiga» que se la inventó un concejal de cultura hace años para extender las fiestas de verano. Consiste en poner puestos de «queimada» y pinchos por diferentes plazas del centro del pueblo, música elevada hasta la madrugada desde cada uno de sus emplzamientos, y el acto principal es el machista performance de la queimada.
Ahora más que otras veces me ha parecido todo como desfasado de la realidad, con media España quemándose, Galicia con los peores incendios de su historia, con un genocidio transmitido en vivo, con más de 60,000 personas asesinadas por el gobierno de Israel, y con sequía en toda España. Aquí celebrando el no sé qué.
Yo me encerré y guardé como tortuga, tortuga indignada.
Augusto Metztli.
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