
Vivo en un valle a los pies del Parc Natural i Reserva de la Biosfera del Montseny (alrededor de 30.000 hectáreas y cimas de 1.700 metros), y del Parc del Montnegre i el Corredor (15.000 hectáreas). En algunos puntos, los límites entre las zonas residenciales y los parques naturales es tan difusa que si se produjera un incendio de gran magnitud muchas vidas correrían peligro y las pérdidas materiales podrían ser importantes, además, obviamente, de lo que supondría para la biodiversidad de estos espacios en los que habitan algunas especies animales y vegetales endémicas. No hace mucho alguien me dijo que hay demasiados árboles en la montaña, dándome a entender que si no los hubiera no habría incendios. Santiago Abascal es de los que piensa que lo que impide la prevención de los fuegos es “el fanatismo climático”. El Gobierno declara la emergencia nacional por los incendios que afectan a la Comunidad de Madrid y la provincia de Ávila. Isabel Díaz Ayuso, que gobierna una de las comunidades que llevan años haciendo recortes en prevención y extinción de incendios, se lava las manos y carga las responsabilidades a otros. Todos tenemos en la memoria reciente los 13 muertos en Los Gallardos (Almería). Medio país arde. Se han registrado tres olas de calor en lo que va de verano -después de un mayo inusualmente cálido-, en muchas provincias las temperaturas han sido las más altas desde que hay registros. Se han producido varios reventones térmicos -fenómeno que ocurre cuando una corriente de aire desciende con mucha fuerza desde el interior de una tormenta hasta la superficie, originando vientos que pueden superar los 80 o 100 kilómetros por hora-. El número de muertes asociadas al aumento de las temperaturas crece considerablemente -no solo en España, también en Francia y Alemania-.
Es imposible tener una conversación seria y un debate constructivo con los negacionistas climáticos que gobiernan comunidades autónomas, municipios y pueblos o que ostentan cargos públicos. Si dos personas intentan mover el mismo obstáculo empujándolo desde direcciones opuestas, éste no se moverá, o apenas lo hará. Tenemos sendos problemas que se irán agravando exponencialmente en los próximos años. Y hay que decirlo: seguimos sin estar a la altura.
Fernando Prado.
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