
Para los que estamos en contra de la pena de muerte y condenamos cualquier tipo de violencia, imaginar al colono ultra y ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben Gvir, colgado de una soga y expuesto en medios de comunicación y redes sociales, es un ejercicio tremendamente desagradable. Y lo es porque consideramos -al menos ese es mi caso- que legalizar ejecuciones como método para impartir justicia no nos hace más humanos, ni más justos.
Israel aprobó la semana pasada -con 68 votos a favor y 42 en contra- una ley que introduce la pena de muerte por ahorcamiento como castigo por “actos de terrorismo”. El fanático Itamar lo celebraba brindando eufórico con sus colegas. Es obvio que la ley se aplicará de forma casi exclusiva a los palestinos.
Es indignante pensar que Netanyahu y demás miembros del gobierno genocida de Israel no se sentarán nunca en un banquillo para ser juzgados por todos sus crímenes.
Fernando Prado.
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