El mundial en la Solaina de Piloño

En el 2010 me invitaron a participar en la residencia de artistas A Solaina de Piloño en Vila de Cruces en Galicia, arte contemporáneo llevado al rural galego. La mayoría de los y las participantes llegaron el domingo 11 de julio a la Solaina, yo no pude porque trabajaba. Así que llegué al día siguiente, el lunes. Me instalé en mi litera, y durante la tarde preparé el lienzo donde pintaría, más noche fuimos a cenar a uno de los tantos bares y restaurantes de la zona que nos alimentarían durante la semana.

En la televisión del bar se veía cómo recorrían las calles de Madrid los futbolistas que ganaron el Mundial de fútbol masculino de Sudáfrica 2010. Mientras cenábamos la conversación giraba en torno al evento, que la mayoría habían visto la noche anterior, en el bar que está junto a la Solaina, y donde también desayunábamos todas las mañanas. Eso es lo significativo que tiene para mí ese evento deportivo, me recuerda a una semana preciosa, peculiar y emocionante en el rural galego pintando un cuadro.

Ahora 16 años después, la selección masculina de fútbol vuelve a ganar un mundial, en esta ocasión celebrado en México, USA y Canadá. Más o menos estuve al tanto de lo que pasaba, sobre todo en México, quise ver la ceremonia inaugural, con Lila Downs y demás música mexicana.

En la ceremonia final de 2026, resulta que Trump, un violador confeso y condenado, un violento que bombardea lanchas de gente indefensa, que invade países, secuestra presidentes y asfixia pueblos enteros, los deja sin comida y sin los enseres más básicos, entregó la copa de una competición deportiva que presume moverse en unos supuestos valores morales, que ellos no respetan en su día a día. A su lado estaba Gianni Infantino otro mafioso, que dirige la FIFA y utiliza todo su poder económico y mediático en falsear la realidad y premiar a pedófilos como Trump haciéndolo pasar como el baluarte de la paz mundial.

Al mismo tiempo, al lado de la selección masculina de fútbol española, estaba un señor y toda su familia, que por línea sanguínea tienen poderes extraordinarios, trabajo y privilegios de todo tipo por gracia de dios y del dictador Franco y por último, Louzán, un prevaricador que conocemos muy bien en Galicia por todas las triquiñuelas que hizo. Toda esa podredumbre moral y ética estaba ahí, acicalándose los unos a los otros. Los deportistas argentinos y españoles compitiendo durante horas por ganar ese trofeo, que a estas alturas de la historia, está lleno de violencia, corrupción y sangre. Horas después, llegan a Madrid a hacer gala de testosterona, júbilos, gritos y kilómetros de «nada».

Esas personas, después de ganar el mundial y celebrarlo, me recordaron a los días en A Solaina de Piloño, y el magnífico trabajo que hacen Carmucha y os Forxadores para que cada dos años el arte contemporáneo llegue al rural, pero aún más importante, que el rural nos acoja y no enseñe lo que sí tiene sentido.

Augusto Metztli.

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