El ataque al semanario francés Charlie Hebdo por parte de terroristas islamistas y el posterior secuestro de una tienda de productos kosher ha dejado 17 muertos y más de una decena de heridos. Ha sido un ataque en el corazón de Francia, un ataque al lema de «libertad, igualdad y fraternidad», pero también un ataque al orgulloso mundo occidental. Una vez más ha quedado demostrado que unos pocos individuos pueden sembrar el terror en una sociedad que se cree libre y segura a pesar de que las fuerzas y cuerpos de seguridad y los servicios de inteligencia no han servido para evitar la matanza.
Los fanáticos han cometido un acto abominable, sin duda. Ahora todos somos Charlie y todos los líderes políticos europeos acudirán a París a mostrar su solidadridad, a condenar los atentados y como no, a hacerse la foto. Pero nos conviene recordar -a todos los que nos hemos escandalizado y entristecido con lo sucedido- que el mundo se desangra por todas partes, que otros países viven a diario amenazados por la barbarie, que cientos de personas mueren cada día víctimas de los disparos de energúmenos armados con dinero occidental.
Dejemos de mirarnos al ombligo.
Fernando Prado.

