Cómo clavar un clavo

CABEZA DE MARTILLO

Dicen que a Jesús, hijo de Dios, lo crucificaron; le perforaron manos y pies con sendos clavos y finalmente le clavaron una lanza en un costado. Dicen que murió por todos nosotros, aunque yo siempre he pensado que murió por revolucionario, por terrorista o por gilipollas.

La Semana Santa en España es ese período del año en el que figuras de madera ensangrentadas y con pelucas salen a la calle sostenidas por fieles masocas para ser adoradas, alabadas y jaleadas por una masa fervorosa y servil que, en ocasiones, llega al éxtasis, rompe en lágrimas y se desmaya. Un espectáculo absurdo, incomprensible y lamentable en pleno siglo XXI.

El verdadero espectáculo está en la naturaleza. Con la llegada de la primavera florecen los almendros, la hierba crece de prisa, el campo se llena de flores, la nieve se retira y las montañas se tiñen de verdes intensos. La única comunión que existe es la que nosotros, mortales, podamos tener con la naturaleza: dejar que el sol nos caliente, sentir la arena de la playa bajos nuestros pies, contemplar un cuadro, escuchar un cuarteto de Fauré, enamorarnos, fornicar. No hay nada más en la vida.

Vivir adoctrinados no es vivir. Por eso sugiero que se encierre la locura religiosa en una urna de madera sellada con enormes clavos. Se trata de una labor titánica, sin duda, pero no imposible. Es necesario.

Fernando Prado.

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