Venezuela, otra vez

Escribo estas líneas desde la preocupación por la situación en Venezuela. Desde hace años el país caribeño o latinoamericano, como prefieran, es un tema habitual y recurrente en muchos medios de comunicación; también se ha utilizado y se continúa utilizando para hacer campaña política por partidos de todos los colores y orientaciones. A lo largo de todo este tiempo he podido constatar que Venezuela genera debates apasionantes que en ocasiones llevan al insulto personal. Hay crispación y odio, mucho odio. Muchos dicen tener la razón y conocer la fórmula mágica que resolvería el follón, muchos defienden su punto de vista con uñas y dientes. Cuando se habla de dicho país todo parece ser blanco o negro; no existe espacio para los grises.

La desmemoria es un problema. Vivimos en una sociedad que se mueve en la inmediatez y tal vez por eso resulta difícil realizar ejercicios de memoria; sin embargo, nunca antes en la historia de la Humanidad habíamos tenido un acceso tan fácil a la información. Hablo de desmemoria porque para muchas personas los problemas en Venezuela comenzaron cuando Hugo Chávez llegó a la presidencia. ¿No recuerdan la corrupción política y administrativa de los anteriores gobiernos? ¿No recuerdan la delincuencia, la inseguridad, los asesinatos impunes, los secuestros, la violencia policial, el abuso de poder? ¿No recuerdan los motivos que se convirtieron en el detonante del caracazo? ¿No recuerdan los cortes en el suministro de agua y electricidad? ¿No recuerdan el desabastecimiento en los hospitales públicos? ¿No recuerdan la idiosincrasia del venezolano? A los miles y miles de venezolanos que dejaron el país antes de la llegada del chavismo, les pregunto ¿no recuerdan ustedes los motivos por los cuales decidieron hacer las maletas e irse?

Insensatez. Esa quizás sea la palabra que define a la oposición venezolana. Muchos estaremos de acuerdo en que los partidos de la oposición han cometido innumerables errores hasta llegar al aquí y ahora. Cualquiera de las opciones que están a día de hoy sobre la mesa asustan porque ninguna de ellas parece que vaya a mejorar la vida de los millones de ciudadanos que tienen que lidiar a diario con toda clase de penurias y sobrevivir un día más.

Me gustaría pensar que cualquier persona sensata es consciente de lo que hay detrás de la autoproclamación de Guaidó. Difícilmente se podían hacer peor las cosas. Los venezolanos sabemos que nadie en su sano juicio se arriesgaría como lo hizo el presidente de la Asamblea Nacional si no contara de antemano con el apoyo y la protección del gobierno de Trump. Me gustaría pensar que cualquier persona sensata tiene claro que la autoproclamación de Guaidó es moneda de cambio, cruce de intereses económicos y geopolíticos. Un simple trueque.

La situación de Venezuela es inaceptable. Sin duda. Pero deberíamos preguntarnos si estamos dispuestos a tolerar y considerar opciones antidemocráticas si éstas van a propiciar un cambio en el país.

Ahora más que nunca es necesario navegar en los grises y encontrarse en el oasis diálogo.

Fernando Prado.

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