En galego y en la profundidad

Cuando vi por primera vez «Mar adentro» de Amenábar, la película que cuenta la vida de Ramón Sampedro y su lucha por la muerte digna, aún vivía en México. Recuerdo que había cosas que no entendía, porque algunas palabras me recordaban al portugués y otras sencillamente no las reconocía. Sabía muy poco sobre Galicia. El acento de los y las que hablaban en la película, lo percibía distinto pero como cualquier otra forma de hablar, diferente a las que estaba familiarizado, sin más. Al hilo de esto, hoy descubrí la palabra «glotofobia», que es como la xenofobia hacia los acentos.

De nuevo el programa «Masterchef» en su edición de «famosos», pagado con dinero público en lugar de aportar a la convivencia, decide utilizar la confrontación, la burla y la glotofobia como recurso televisivo. Lo que llaman la «Prueba de exteriores» fue en la ciudad de Coruña, en el parque que hay bajo la «Torre de Hércules» (el faro más antiguo del mundo en funcionamiento) y uno de los juegos estúpidos que propuso la copresentadora a sus compañeros, fue un concurso de ver quién imitaba mejor el acento galego. Ambos empezaron a imitarlo en plan burlón, sin cariño ni respeto. Después en el cocinado, se supone que harían un homenaje a la gastronomía galega, que tampoco hicieron. Incluso casi cometen una ilegalidad, al cocinar unas bogavantes con sus huevas, algo que está prohibido y que la gente de aquí respeta rigurosamente. Después de la investigación por parte de la Xunta, resultó que las bogavantes eran portuguesas, por lo que no estaban sujetas a la legislación galega. Al final, un programa que trataba de promocionar Galicia en el resto de España, lo que hizo fue burlarse de su acento y maltratar animales portuguesas haciéndolas pasar por galegas.

Este relato se repite muy a menudo hacia Galicia y su gente. Una jueza en su sentencia, en unos de sus argumentos hablaba de la Galicia profunda y su poca idoneidad para la crianza de un bebé futuro niño. O cuando una política de ultraderecha utilizó la acepción que tenía la RAE del gallego como sinónimo de tonto.

En México hago apología de Galicia y en Galicia hago apología de México. Galicia la profunda, la que habla en galego, me hace muy feliz, con su verano incandescente, su humedad brutal y su frío invierno, es el sitio más verde que he conocido, su gente es riquiña, a veces desconfiada, pero cuando abren su corazoncito, son tan leales y formales. Dan cariño, con distancia, pues no son de piel con piel, pero sí de codo a codo. Dudan mucho, pero cuando deciden, lo hacen con todas sus consecuencias. Son grandes conversadores y conversadoras. Siempre tienen una mirada entrañable en los ojos. Eso lo noté desde que llegué. La Galicia profunda fue el fin del mundo, o el principio, cuestión de enfoques.

A mí me dan mucha ternura y me fastidia ese escarnio nacional, que a veces sale a flote.

Disfuto mucho el galego y su profundidad. Y en esta profundidad, he aprendido el ciclo de las cosas, y como dice Vera Eikon , muchas formas de decir lluvia.

Grazas por todo Galiza.

Augusto Metztli.

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