
La casa de mi abuela materna en donde viví de niño, se encuentra a unas calles del «Mercado de Abastos», ahí en esa colonia, poco a poco se comenzaba a escuchar en las camionetas que pasaban y en las nuevas casas que se construían, la música de banda, norteña, grupera y corridos. Lourdes, la hija de doña Chayo, la vecina que me cuidaba, amaba a Los Bukis, también a Bronco, a los Tucanes, a los Tigres del Norte y muchos más, todo el día sonaban en su casa. Lourdes se casó y se fue a vivir a Estados Unidos.
Siendo adolescente me mudé al Sauz, un barrio popular, de edificios de «protección» o de «interés social», donde crecí feliz, aprendiendo y viviendo muchas cosas que no me hubiera imaginado. Ahí era la capital de la banda, de la música grupera y norteña. Años después mucha gente que vivía ahí emigró también al norte.
Todos esos géneros musicales ahora son aún más populares que antes, porque se han vuelto globales gracias a esa migración masiva que comenzó con las sucesivas crisis económicas mexicanas, y se han transformado en otros géneros como el famosísimo «corrido tumbado» como el que hace «Peso pluma», y tantísimos más.
En general no son músicas que escuche a menudo, pero sí que me remueven emociones cuando lo hago, la mitad de mi familia es de Sinaloa, hay una carga emotiva importante en ella. Por eso me hizo gracia la noticia de que empresarios del turismo en Mazatlán se quejaban de los músicos que tocan la tambora en esas preciosas playas del Pacífico mexicano, y que querían prohibirlo porque es «música ruidosa». Es lo que llaman gentrificación, en México sucede por todas partes, hace años en la Riviera Maya, poco después en las costas de Oaxaca, de Baja California, desde hace unos años en las de Nayarit y, por lo que se ve, también en las de Sinaloa. Pasa en las ciudades como por ejemplo en la Roma, Condesa o Narvarte en Ciudad de México, que desde la pandemia comenzaron a llegar gringos y gringas con gran poder adquisitivo en busca de emociones citadinas. Incluso en el último barrio que viví en Guadalajara, en la Colonia Americana, en el 2022 fue considerado el mejor barrio del mundo, por su oferta cultural, gastronómica, ocio y cooperación entre la vecindad, ahora sería inviable alquilar un departamento ahí.
Aquello que atrae de México, al poco tiempo acaba siendo denostado por turistas, nuevos ricos o clase medieros; no somos figurantes, ni las ciudades son escenarios o decorados de serie. Como dicen en Galicia «es lo qué hay».
Mis canciones de «banda» favoritas son «El sinaloense» y «Árboles de la barranca», desde luego no me imagino ese mundo que conocí sin la música de tambora. Guste o no sonamos a eso.
Augusto Metztli.
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