¿Huicholes o huicholitas?

Piernas de viaje textura - internet

A diario escribo sentada sobre un cojín huichol, mientras viene a mi mente el primer recuerdo de esa palabra que me costó recordar. Mi amiga Elizabeth me regaló un collar huichol cuando fui a México por primera vez, y me dejó impactada, tanto por lo que me contó como por los consejos que me regaló con él. Lo traje como un tesoro, guardado en el mini rebozo azul que lo envolvía. Aterricé, seguí sus instrucciones lunares, y me lo puse. No me lo quité hasta que bastantes días después se empezaron a desbaratar algunas de sus chaquiras (sí, así se llaman las cuentas).

Era un collar mágico, con poderes legendarios y actuales, enraizados en el desierto de San Luis Potosí.

Poco después la vida me llevó a vivir un tiempo en la tierra de los indígenas huicholes (wixárikas). Me encantaba ver sus colores, y la mezcla de razas conviviendo bajo el sol rayante de tierras nayaritas. Me cautivaron sus nombres, sus tradiciones, y sobre todo sus artesanías. Explosión de colores en morrales, blusas, huaraches, pulseras, collares, aretes y sombreros, con flores, peyotes, milpas, ojosdedios, águilas y venados… azules.

Fue inevitable traerme un montón de esas artesanías, para lucir a miles de km, sin dejar de contar, con todo mi respeto, de dónde provenían y cuáles eran sus significados; desde tenerlas en nuestro hogar, hasta inspirarnos para pintar cuadros o murales.

Pero jamás les llamamos huicholitos, no negamos de dónde vienen sus diseños, no nos inventamos historias de su cultura, no unimos sus raíces con las de otras culturas, como si todas fueran iguales, porque por ahora sabemos distinguir huicholes de tehuanas (y si no lo supiera no las mezclaría bajo un mismo nombre).

¿Qué pasaría si en México, mezclaran las leyendas celtas con las tradiciones flamencas como si todo fuera uno?. Seguro no se tardarían en poner el grito en el cielo y defender lo suyo.

Esta primavera-verano, prepárense para ver por las calles a muchas huicholitas. Gente que se cree que el traje típico mexicano es llevar un poncho de tela carnavalera, mayas negras y unas deportivas con sombrero, ahora se gastarán una pasta luciendo desconocidos peyotes con venados falsificados, sintiéndose ibicencas con copias de bordados huicholes, presumiendo de collares, que si supieran que son portacondones posiblemente no los llevarían.

Sabemos que la moda es una masa que nubla a la sociedad, así que ahora que vas a “ir de étnica” en tus eventos más divinos, recuerda cuando me mirabas raro y me señalabas con el dedo por llevar una blusa bordada, un chaleco con flecos  o una pluma en mi trenza. Al menos yo sabía por qué lo llevaba.

Ya no pido respeto por mis gustos, si no respeto por toda la cultura y tradiciones huicholas.

Texto: Marthazul.

Ilustración: Augusto Metztli

 

 

 

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