Reinas y Reyes

REINAS Y REYES AJEDREZ

Tras conocerse los resultados de las recientes elecciones municipales y autonómicas celebradas el 24 de mayo hemos tenido que escuchar todo tipo de barbaridades.

Por primera vez en años, una buena parte de la ciudadanía ha recuperado la esperanza y vuelve a estar ilusionada ante la posibilidad de un cambio de rumbo en la política protagonizado por un puñado de personas que reclaman más igualdad, justicia social, un mejor reparto de la riqueza, etc. Pero son muchos los que están enormemente preocupados porque temen que el avance de los nuevos partidos conduzca al fin del bipartidismo, de las puertas giratorias, de los choyazos.

No voy a hacer mención a los comentarios pronunciados por las lenguas viperinas de algunos responsables políticos sobre los nuevos protagonistas (ver medios de comunicación), pero sí quisiera resaltar que el discurso del miedo ha calado en la sociedad conservadora. Desprecio y aversión.

Ada Colau, la perroflauta, es demasiado radical para Barcelona. No creo que sea capaz de gestionar una gran ciudad; la gente dejará de pagar sus hipotecas. Además, quiere quitar la Fórmula 1, con la de pasta que deja un evento así en Barcelona, y los puestos de trabajo que genera. Hace cuatro días estaba impidiendo desahucios y ahora será alcaldesa.

Manuela Carmena, la comunista, es una mujer demasiado mayor que debería jubilarse. Con lo bien que nos iba en Madrid con Esperanza.

Y sobre Podemos, más de lo mismo y peor.

Las reinas y los reyes del bipartidismo comienzan a caer. Ojalá el cambio continúe.

Fernando Prado.

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Un comentario en “Reinas y Reyes

  1. Me gusta juzgar a las personas por sus actos, y no por sus eslóganes. Me ha gustado la actitud que ha tenido Carmena hasta ahora en Madrid, intentando evitar el discurso del miedo que transmiten algunos medios y tranquilizando a los inversores de una manera respetuosa. Sin embargo, no puedo decir lo mismo de Ada Colau. No estoy conforme con su actitud por las declaraciones en la entrevista del país: “Desobedeceremos las leyes que nos parezcan injustas”. Las leyes son las leyes y nadie tiene la autoridad moral suficiente para considerar cuáles son injustas y cuáles no. Esa autoridad reside en el pueblo y es el pueblo quien ha elegido las leyes actuales a través de los partidos políticos. Un ejemplo, una persona no puede evadir impuestos porque considera que es una injusticia pagar tantos tributos.

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