Un pito

PITO

Quedan el F.C. Barcelona y el Athletic de Bilbao para jugar la final de la Copa del Rey en Can Barça y, en el momento en que comienzan a sonar las gloriosas notas del himno nacional, la multitud lo abuchea. No es la primera vez que ocurre, ni será la última.

No sé a qué se debe tanto escándalo. Es decir, yo personalmente no creo que abuchear un himno sea un problema sino más bien un síntoma. Se ha escrito mucho al respecto durante estos días y aunque pueda parecer que hay una gran diversidad de opiniones, al final todo se resume en dos bandos: los que defienden que abuchear el himno nacional es parte de la libertad de expresión que todo estado de derecho debe poseer y proteger, y los que lo condenan considerándolo una ofensa a la Patria.

Es un problema esto de los símbolos. El uso, abuso y mal uso de los símbolos ha provocado un enorme sufrimiento a lo largo de la historia. Una bandera no es más que un trozo de tela y un himno no deja de ser una “pieza musical”. Lo mismo que el fan de un equipo de fútbol puede quemar la bandera del equipo rival o el espectador de un concierto puede enfurecerse si la ejecución de una obra no es la adecuada según sus criterios, un ciudadano debe estar en pleno derecho de abuchear un himno si considera que tiene motivos para hacerlo. Como a mí, hay miles de personas a las que no se les pone la piel de gallina cuando suena esa especie de marcha que es el himno de España. Tampoco me ocurre, ni me ha ocurrido, al escuchar el “Gloria al bravo pueblo”. España es la cosa más parecida a una Nación hija de mil leches. Bien pensado, no hay por dónde cogerla. Catalanes, vascos, gallegos, asturianos, andaluces, canarios, etc., todos ellos con una identidad, una cultura y unas tradiciones propias; considero que es imposible que cerca de 50 millones de personas sientan lo mismo y asuman como suyos los mismos símbolos patrios.

Los árbitros utilizan el pito como instrumento de autoridad. Pero los pitos también se utilizan para protestar, para expresar desacuerdo o inconformidad. La sociedad debe evolucionar. No tiene sentido que se siga celebrando una “Copa del Rey” porque no tiene sentido que un país esté presidido por una monarquía católica en el siglo XXI. La imagen de Felipe VI, de un sonriente Artur Mas y de Ángel María Villar -para quien no lo conozca, es el presidente de la Real Federación Española de Fútbol, afiliada a una organización delictiva internacional llamada FIFA- lo dice todo.

Dejemos de darle importancia a algo que no la tiene y comencemos, por ejemplo, por reclamar el pago de los millones de euros que deben los clubes de fútbol a la Seguridad Social.

Fernando Prado.

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