Apagar la luz

QUITAR LA BOMBILLA

Abrimos los ojos cada mañana, nos levantamos de mejor o de peor humor y llegamos al baño a trompicones; una vez allí, vaciamos la vejiga y luego nos dirigimos a la cocina a preparar el desayuno. Con el olor a café recién hecho parece que algo se activa dentro de nosotros, un poderoso estímulo llega al cerebro y, dándonos una bofetada, nos hace saber de repente que estamos vivos.

¿Qué es una vida? Una de las definiciones que encontramos en el diccionario de la RAE es que vida es el “estado de actividad de los seres orgánicos”. Una vida es algo demasiado complejo para reducirlo a una definición, pero quizás esta sea la más racional de todas. Si un día cualquiera abres los ojos y no eres capaz de realizar ningún movimiento, sufres dolores insoportables y te has vuelto completamente dependiente de las atenciones y cuidados que te proporcionan otras personas es probable que te preguntes si vale la pena continuar adelante. Puede que llegues a pensar -si tu situación es irreversible- que respirar es irrelevante, que no tiene ningún sentido prolongar la agonía porque al fin y al cabo ya no estás vivo.

Si pensamos en la vida como lo que verdaderamente es dejando de lado todas las connotaciones morales, éticas y religiosas, tal vez lleguemos a la conclusión de que una vida es algo sumamente valioso sobre la que nadie tiene derecho a decidir siguiendo unos fines particulares. El debate sobre la eutanasia y el derecho a una muerte digna no es precisamente nuevo; personalmente creo que es un debate que no debería existir en una sociedad desarrollada y madura. Si yo fuera Andrea, querría morir. Si yo fuera la madre o el padre de Andrea, querría que mi hija muriera. No habría debate posible ni nada que me hiciera dudar.

Vivimos en una sociedad hipersensible que se conmueve y se indigna y sufre por cualquier gilipollez pero que se escandaliza cuando unos padres piden que se deje de alimentar de manera artificial a su hija, que sufre una enfermedad neurodegenerativa e irreversible y que, además, le produce dolores insoportables.

En estos casos, apagar la luz no debería ser tan difícil.

Fernando Prado.

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