Hermanos

hermanos

Ocurría durante la última prueba del campeonato del mundo de triatlón, en Cozumel, México. A tan solo 300 metros de la meta, Jonathan Brownlee sufre un golpe de calor. Su hermano, Alistair, lo alcanza y, abrazándolo, consigue que llegue a la meta. Inmediatamente después de cruzar la línea, su cuerpo cae desplomado, al borde del colapso.

Donde muchos ven un comportamiento heroico y ejemplar, un gesto conmovedor, yo veo un acto de irresponsabilidad. Puede que Alistair, al ver a su hermano tambaleándose y con el rostro desencajado, no pensara en otra cosa que llevarlo en volandas hasta la meta porque se lo merecía después de tanto esfuerzo y sacrificio, olvidándose por completo del reglamento y obviando los síntomas que deberían haberlo puesto en alerta. Creo que el verdadero gesto heroico hubiera sido dejar de correr y pedir de inmediato asistencia médica. A 30 grados centígrados y con un 90 % de humedad, el cuerpo de Jonathan no aguantó más. Pudo haber muerto a pesar de ser un deportista profesional y uno de los mejores triatletas del mundo.

Las marcas y la publicidad nos bombardean con aquello de que nada es imposible, de que no hay límites, de que siempre podemos superarnos. Son mensajes pensados para vender, evidentemente. Además, los medios de comunicación siempre recurren a la épica del deporte. Pero ¿de verdad no hay límites? Sí los hay. Practicar un deporte nos ayuda a llevar una vida más sana y a sentirnos mejor, a ser más disciplinados y responsables, a superarnos, a sentirnos más llenos y felices; pero lo mejor de practicar un deporte es que nos ayuda a conocernos a nosotros mismos. Con el paso del tiempo comenzamos a tener conciencia de nuestro propio cuerpo, nos preparamos para soportar el dolor y nuestra mente también sufre una transformación. Sólo hay que prestar un poco de atención para saber cuándo debemos parar, hasta dónde podemos llegar y cuáles son las barreras que jamás podremos superar.

En un mundo en el que millones de ojos están pendientes de lo que hacen a diario sus ídolos deportivos -ídolos en los que buscan inspiración y motivación-, a veces puede resultar difícil discernir entre un gesto de deportividad y un acto de irresponsabilidad.

Alistair reaccionó como la bola blanca golpeada por el taco de billar con la intención de meter en el hoyo la última bola de la partida. En ocasiones, el jugador no aplica la fuerza adecuada y, después de varios rebotes, es la bola negra la que hace que la blanca entre en el hoyo. Y entonces pierdes la partida.

Fernando Prado.

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2 comentarios en “Hermanos

  1. Me parece excelente este artículo.
    Creo que en el deporte como en otras muchas facetas de nuestras vidas estamos perdiendo el norte o nos lo están haciendo perder como siempre por intereses económicos de unos cuantos.
    Pero cuanto le cuesta pensar por sí mismo al ser humano!!!!Educación en valores y en cultura….pero de verdad yá!!!!

    Le gusta a 1 persona

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