Árboles

El sábado 17 de junio se declaró un incendio forestal en Pedrógão Grande, Distrito de Leiria, en el centro de Portugal. Hasta el momento de escribir estas líneas se han registrado más de 60 muertos. El fuego aún no está controlado.

Enseguida nos echamos las manos a la cabeza cuando ocurren tragedias como la que está viviendo el país vecino estos días. La reacción inmediata es buscar culpables, responsabilizar a los políticos de turno, a los sistemas de prevención, a los medios de extinción.

Portugal ha demostrado haber aplicado unas políticas forestales nefastas a lo largo de los años; lo demuestran la gran cantidad de incendios que se repiten año tras año. Pero España no se queda atrás. El caso de Galicia es similar al de Portugal, donde no se ha hecho otra cosa que sustituir especies locales por algunas especies de crecimiento más rápido y que interesan más desde el punto de vista económico, como el eucalipto.

No podemos señalar a políticos y empresas como únicos responsables, tampoco podemos culpar a bomberos y demás cuerpos que participan en las labores de extinción, ni a una suma de condiciones meteorológicas que pueden acabar encendiendo la chispa de la tragedia. Creo que es hora de ir un poco más allá y de asumir nuestra parte de responsabilidad, porque la tenemos. Deberíamos comenzar a tomarnos más en serio nuestro voto. Se supone que nosotros, como ciudadanos, somos los que elegimos a los que serán nuestros representantes políticos mediante el voto. Ya no hay excusa para no tomarnos en serio el cambio climático, ni para no exigir a nuestros políticos que tomen las medidas necesarias para reducir sus efectos. Es imprescindible que aumentemos nuestra conciencia ecológica. Sabemos qué tenemos que hacer y cómo debemos actuar. Es hora de hacerlo.

Fernando Santos Pessoa, Ex-Administrador Forestal, explica con precisión lo que ocurre en Portugal. Nos dice, entre otras cosas, que “la terrible tragedia que nos aflige debe servir al menos de aviso a lo que puede ocurrir este verano, con tanta superficie de pastos secos y temperaturas cada vez más altas, ya que nadie tiene en cuenta los avisos de los científicos, portugueses e internacionales, sobre las graves alteraciones climáticas que están en curso y que afectarán de manera especial al Mediterráneo y a nuestra Península”.

Las muertes de Portugal, así como todas las que se producen en todo el mundo como consecuencia directa o indirecta del cambio climático y de nuestra irresponsabilidad e ineptitud, son inaceptables. La pérdida de nuestros bosques y de nuestra naturaleza, también.

“¡Árboles! ¡Árboles! ¡Árboles! La exasperante monotonía de la variedad infinita, lo abrumador de lo múltiple y uno hasta el embrutecimiento”. Lo justo sería que las futuras generaciones no tuvieran que leer estas palabras de Rómulo Gallegos en su obra Canaima para intentar imaginarse algo que, gracias a nuestra negligencia, habrá dejado de existir.

Fernando Prado.

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