Celso, Celso, Celso…

Era diciembre y a la asociación de comerciantes locales, se les ocurrió la pésima idea de, con la excusa de incentivar las ventas navideñas, poner altavoces de colegio, a lo largo del centro del pueblo, emitiendo villancicos durante 8 ó 10 horas por día, es decir, en horario comercial, más de dos semanas de tormentosos villancicos, una y otra vez. Desde el estudio donde trabajamos nos quedaba el altavoz más cercano a unos metros de la ventana. Nos opusimos junto a más gente que tenía sus oficinas en el primer o segundo piso de los edificios del centro, pero fue inútil.

No sabíamos que el recién aparecido Spotify nos salvaría las mañanas y tardes de trabajo. Gracias al algoritmo azaroso que gobierna la plataforma de música, llegamos a los discos de cumbia de Celso Piña, y ahí comenzó el milagro. Las cumbias de Celso eran lo suficientes movidas, intensas, sabrosas, combativas y calurosas para desaparecer el espantoso sonido de los villancicos.

Mañana y tarde, aquí sonaba la música tropical de un señor regiomontano (gentilicio del pueblo de Monterrey). Nos confundía un poco eso de escuchar a alguien con acento mexicano, hacer solo cumbia y vallenato colombiano. Indagando en él, supimos de su afición por la cumbia y de la afición del barrio donde vivía por la música colombiana, al punto de llamarle cholocumbia, por la influencia de los chicanos y los cholos. Yo pensaba que la música tropical tenía más influencia en el sur de México, cuando vivía en Puebla, esos ritmos eran muy populares, pues resulta que en el norte también lo fueron y Celso y su Ronda Bogotá, era uno de sus mayores exponentes, al punto de popularizarlo entre los chicanos en el sur de USA.

Celso mezcló la cumbia con todo, con el rock, con el bolero, con el reggae, participó junto a muchos artistas de géneros también muy distintos, como: Natalia Lafourcade, Pato Machete, Benny Ibarra, Laura León o Alex Lora. Llevó su acordeón, la cumbia y el cerro de la Campana (barrio donde creció) como banderas, allá donde hubiera gente que quisiera disfrutar con su “Cumbia sobre el río suena”.

Cada vez que escucho un villancico, pienso en la cumbia y en Celso Piña.

Murió el 21 de agosto de 2019.

Augusto Metztli.

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