Sueño

Comienzas a percibir una extraña sensación de ligereza. El viento acaricia tu rostro y te regala los primeros instantes de frescura en una noche calurosa. Todo parece moverse y entonces consigues abrir los ojos, desprenderte de un sueño pegajoso como el caramelo derretido. Te das cuenta de que el mundo se ve muy pequeño allá abajo, y al instante tomas conciencia de lo insignificante que resultas flotando a esas alturas en la inmensidad del firmamento. La situación es ridícula, te preguntas qué demonios haces ahí, para qué quieres las zapatillas de andar por casa o la mesita de noche, por qué la lámpara continúa encendida. Piensas que debe tratarse de un sueño y te repites incansablemente que en cualquier momento despertarás, pero sigues elevándote, ganando altura sin poder evitarlo; la temperatura y la presión atmosférica no cambian, así que no sientes más frío ni tienes dificultad para respirar por la falta de oxígeno.

De pronto te entra el pánico. ¡La mascarilla!

Fernando Prado.

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