José Luis Cuevas, y la pereza que me produce

Me encantaba la historia del mural efímero, que el dibujante mexicano José Luis Cuevas hizo en la Zona Rosa del DF. Ahora mucho tiempo después no me gusta, ni me inspira. Ahora los que me parecían artistas respetables, ya no me lo parecen, con el paso de los años pienso que con independencia del oficio que desempeñemos, cualquier humano o humana tiene una responsabilidad planetaria, y por lo tanto estar en el mundo de forma consciente y respetuosa.

El otoño pasado en la ciudad de Puebla en México, entramos en “Librería Cazalez I” una maravillosa librería de segunda mano y salimos bien surtidas. Entre las adquisiciones me traje “En torno a Cuevas”, un libro que recoge su biografía, una recopilación de artículos que escribieron sobre él, transcripciones de entrevistas, poemas de sus colegas que le dedicaron, fotos, dibujos, y muchos, muchos textos escritos por él mismo y en los que habla en tercera persona para referirse a sí mismo. Algo así como “Luis” hablando sobre “Cuevas”, esa costumbre me resulta patética.

Después de leer el libro, buscar en internet y volver a ver sus trabajos a lo largo del tiempo, saqué varias conclusiones: Cimentó su carrera en la confrontación de los que le precedieron, formando parte de “La generación de la Ruptura”, que finalmente ni rompió, ni cambió nada, y que en mi opinión quedó en berrinche publicitario. Su supuesto gran acto de rebeldía y crítica a Siqueiros, fue su dichoso “Mural efímero” que no fue ni mural, ni efímero pues quedó un cacho medio roto que subastaron hace poco, casi 50 años después. Fue un acto pretencioso, codicioso, incongruente y embustero, criticando el ego de uno, autodenominándose modesto. Ser vanguardia o ruptura implica hacerlo en la realidad, y se requiere de mucho valor, porque casi implica vivir en la miseria, pocos artistas lo han tenido. Y Cuevas no fue uno de ellos.

Leí el libro con mucho interés, y gracias al nivel moral de Cuevas, comprendí muchas de las actitudes que he visto durante veinte años dedicándome al oficio de la pintura, y el dibujo. El fragante egoísmo es patrimonio de nuestras actividades, el ensimismamiento causa estragos y nos convierte en autómatas que giramos sobre el yo, Cuevas decía cosas delirantes, se consideraba un semidiós, y en ocasiones al leer sus estupideces, pensaba en lanzar el libro, aquí van algunos ejemplos comentados:

“Nadie en el mundo se ha retratado como yo” (la gente cuando dice que “nadie lo que sea” en un mundo de 2,000 millones de personas, que entonces había, no ha dimensionado muy bien el planeta Tierra).

“Mi padre fue un mujeriego. De él heredé mi afición ilimitada por las mujeres” (como si fueran equipos del fútbol, aficionarse a las mujeres como si fueran hamburguesas con tocino y así montones de frases e ideas, de un machismo tan grande como su ego).

“El artista crea sus propios mitos, y el más importante de esos mitos es el mito de sí mismo” (un mito es fantasía; pensar en nosotros o nosotras mismas como mitos, es pensar que somos divinas o héroes griegos, es tener delirios de grandeza patológicos).

“En general los pintores de mi país continúan sumergidos en su bajo nivel” (declaraciones así son de una profunda arrogancia, habiendo artistas tan brillantes en México).

“Esa necesidad de crear a Cuevas, de crearme a mí mismo” (habla de él en tercera persona, crearse a sí mismo, como si fuera de plastilina).

“Siento necesidad de deslumbrar a las mujeres” (como si fueran moscas y él una carnicería que con luces de neón quiere atraparlas para achicharrarlas).

“México me queda pequeño” (cuando leí esto y después de vivir 13 años fuera de México, creo que es una bravuconería de categoría, aquí y ahora ni el barrio de Santa Tere en Guadalajara le puede quedar pequeño a nadie, no digamos un país entero).

Acabo de leer que, su ahora viuda Beatriz del Carmen Bazán, pretende hacer objetos y merchandising con la marca registrada “Jose Luis Cuevas”, será un llavero, un imán, una taza más, ahí queda su acto de ruptura, el considerarse un enfant terrible y su México pequeño. Yo creo que su gran legado es personificar todas las miserias del oficio y del humano, haciéndolas pasar por virtudes, para convencer a un montón de gente a que le aupara y aplaudiera sus tonterías.

Por eso José Luis Cuevas me produce mucha pereza y ninguna simpatía.

Augusto Metztli.

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