Neanderthalensis muy adentro

Dos lecturas despertaron mi fascinación por las y los neandertales. Ahora mismo ya han sido desmentidas o matizadas. El estudio del Homo neanderthalensis avanza muy rápido.

La primera ubicaba en las Cuevas de Gorham en Gibraltar, el último refugio de las y los neandertales. Me resultaba una imagen poética y trágica tener constancia del sitio donde murieron aquellos seres misteriosos, un lugar aislado, con escondrijos a la orilla del mundo, una metáfora en sí misma de caer en el precipicio del fin y el olvido.

La segunda lectura partía de la hipótesis: ¿Y si la humanidad moderna aún conviviera con nenadertales? Es decir, si ellos y ellas no hubieran desaparecido, qué sería de los dioses que nos hicieron a su semejanza, qué sería del mundo sin nuestro certificado de seres únicos. Ya no estaríamos en “soledad” en el universo, habría otros muy similares a nosotros.

Tal como sucedió con las certezas de que las mujeres no cazaban en la prehistoria, ni eran artistas, ni científicas, ni sacerdotisas, y que se ha desmentido y demostrado que era un prejuicio a la hora de revisar las evidencias materiales que han dejado. De igual forma pienso que la antropología, la arquelología, la paleontología y la historia tienen un error de fondo, el pensamiento judeocristiano se las ha colado, la humanidad es única, el resto de homínidos son especies distintas o inferiores o “animales salvajes” (el desprecio a lo “salvaje” también es un prejuicio).

Ahora al Nendertal se le considera una subespecie. Pero algunos artículos publicados recientemente, demuestran que hubo una conviviencia pacífica, continuada en el tiempo y normalizada entre humanos y neandertales. Incluso hay quien afirma que no se extiguieron, sencillamente nos hibridamos.

Antes se pensaba, que eran carnívoros, sin lenguaje articulado, sin creencias espirituales, sin apreciación estética, sin tecnología, sin empatía y sin todo aquello que siempre hemos creído propio. Nuestro egocentrismo especista a veces llega a ser delirante.

“Todo indica que tienen el mismo nivel intelectual que nosotros y, sin embargo, no son iguales. Podemos decir que tienen la misma mente, pero no la misma mentalidad. Representan otra manera de ser humanos y eso es algo que nos cuesta mucho imaginar” (Juan Luis Arsuaga, paleantropólogo codirector de la Fundación Atapuerca).

Ellas y ellos, en realidad siempre han sido nosotros.

Augusto Metztli.

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