A miña lingua é fermosa

Mis padres solían hablar gallego entre ellos. No era el gallego normativo con el que me encontré al viajar a Galicia siendo un adolescente, sino el gallego hablado en las aldeas, tan peculiar y tan propio, pero tan rico en matices. Descubrir el gallego normativo fue como abrir un paquete y encontrar dentro un regalo que no te esperas pero que te contenta, y fue una amiga quien me ayudó a entenderlo y a amarlo irremediablemente -grazas, Laura-. Mis padres fueron de los muchos gallegos que emigraron -primero a Latinoamérica, un poco después a otros países de Europa-. Llegaron con una maleta medio vacía y la esperanza de una vida digna. Ellos, al igual que muchos de su generación, no solían hablar gallego en público porque les daba vergüenza, lo consideraban una lengua menor, poco más que un dialecto que allí, en el país en que se encontraban, no les servía para nada. Muchos de los gallegos que llegaron durante aquellos años a Venezuela no tenían el graduado escolar, algunos ni siquiera habían acabado la educación primaria, sin embargo, consiguieron salir adelante gracias a su esfuerzo y determinación, y a su respeto -a veces diría que enfermizo- por el trabajo. A menudo eran objeto de burlas por su acento al hablar español. Echaban de menos a sus familias y añoraban a terra, una tierra que no les había dado nada más que hambre y miseria y a la que, quizás inexplicablemente, deseaban volver.

Viví cinco años en Galicia empapándome de la lengua, las tradiciones y costumbres, la idiosincrasia del gallego -que ya intuía y sospechaba- y reconociéndome un poco en esa manera de ser y estar en el mundo. Más allá de los genes, una de las cosas más importantes que se transmiten de padres a hijos son aquellas que están vinculadas con la lengua.

Es una suerte haber nacido en un hogar bilingüe. Mi lengua materna es el español, pero en ocasiones pienso en gallego, y leo en gallego, y me gusta ver cine gallego en gallego. Llevo viviendo en Catalunya casi veinte años y también a veces pienso en catalán, y leo en catalán y me gusta ver cine catalán en catalán. Tal vez las personas que no han nacido en un hogar bilingüe no puedan hacerse una idea lo suficientemente sólida de que una lengua es identidad, expresión, cultura, tradición, algo sumamente valioso que debe preservarse y respetarse y que no debería ser utilizada bajo ningún concepto de manera política como se está haciendo, reiterada y violentamente, con el catalán.

Isabel Díaz Ayuso ha ofrecido acoger en la Comunidad de Madrid a los niños que quieran estudiar en castellano. Es una pena, como decía, que se utilice una lengua con fines políticos, pero en fin, ya estamos acostumbrados al personaje, tanto, que hasta le reímos las gracias. Ayuso tendría que preocuparse más por los problemas reales de los estudiantes de Madrid, de los niños sin escolarizar, en lugar de seguir echando más madera a un fuego que jamas debería haber sido encendido. Es ofensivo y miserable que se ataque a las lenguas cooficiales de España, porque eso es exactamente lo que son, por lo tanto, todas merecen respeto. El español no corre peligro en España, como dicen los que se inventan un chiringuito para defenderlo a capa y espada. Lo que sí está en peligro es que los millones de personas que heredaron una lengua propia, y todo lo que eso implica, sean tratados en la España del siglo XXI con desidia.

A miña lingua, sexa cal sexa, é fermosa.

Fernando Prado.

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