Los castillos de Almudena

Cuando vivía en México, no conocía a Almudena Grandes. Fue cuando llegué a Galicia que Marta me prestó y recomendó un libro que le gustaba mucho, el de: «Castillos de cartón». Lo leí en poco tiempo y lo disfruté mucho. Es la historia de tres estudiantes de pintura, dos chicos y una chica, que acaban teniendo una relación poliamorosa. Cuenta desde los tiempos de la universidad en la década del 80 y lo que les sucedió, varias décadas después.

El tema de la pintura novelada es algo que me gusta y como es obvio, me siento identificado. La historia sucede en Madrid, porque Madrid y Almudena son inseparables, para ella todo sucede y sucedió ahí. Cuando lo leí no sabía lo especial que es esa ciudad, ni lo que fue la llamada «movida madrileña».

Como ese primer libro me gustó, compré otro de ella, el de «Las edades de Lulú». Sabía que era una publicación muy especial. Lo leía en el tren, rumbo a Vigo, cuando trabajaba allá. Pero lo que narraba me resultaba incómodo en un medio de transporte, entre sacadas y chupadas de polla, se desarrollaba la historia. Tetas por aquí, folladas por allá, coños y más coños, pollas y más pollas. Creo que no era el mejor momento, ni el mejor lugar para leer el libro, las 9 de la mañana y con tanta gente a mi alrededor. Así que lo dejé como a la mitad y no lo volví a retomar.

Tiempo después vi la película de «Las edades de Lulú» y también la de «Castillos de cartón». De la primera me gustó más la película que el libro y con la seguda fue al revés. No he vuelto a leer ningún libro más de Almudena.

Murió el 27 de noviembre del 2021, entonces mucha gente compartió toda clase de material sobre ella, como mi amiga Gabriela Bautista, que la había entrevistado en la FIL del año 2017, donde Madrid fue la región invitada.

Me resultó impecable la charla con Almudena, dijo un montón de cosas que me encataron, hay dos que quisiera recalcar: Habló muy bien sobre México, explicó que fue el único país que abrió las puertas a todos los y las republicanas exiliadas, sin importar su oficio o clase social, no como en otros países, dónde hubo sesgo clasista para brindar ayuda humanitaria. Y también cuando dijo que ella, a diferencia de otros colegas escritores y escritoras españolas, sabe que la literatura en español debe mirar a México para sobrevivir. Escucharla me hizo querer volver a leerla, pero sus libros más recientes, donde habla del franquismo. Lo haré.

Será hija predilecta de Madrid, aunque el zoquete del alcalde crea que no lo merezca, y también tendrá una calle con su nombre. Pero eso no es lo más relevante de ella, sino ser parte de los rostros dignos, apasionados, amorosos y justos de una ciudad en la que mientras unos abrazan al fascismo, otros mueren intentando que no pase, como Almudena.

Augusto Metztli.

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