Las vacunas, el pasaporte COVID y mirarse el ombligo

Desde que comenzó la campaña de vacunación contra el COVID, poco a poco el tema me ha ido cansando, al punto que ahora, me molesta.

Me he vacunado con la primera dosis, con la segunda de refuerzo y con la tercera en esta sexta ola. Yo decido qué me meto en mi cuerpo y me hago responsable de lo que me pueda suceder. Esa es mi postura, respetar lo que cada quién se mete o no en su cuerpo. No me gusta que me cuestionen el hecho de vacunarme, ni tampoco la posibilidad de no hacerlo, ni que me atosiguen con la supuesta obligación de sí hacerlo. No comparto el argumento de que somos «solidarios» los que sí nos vacunamos. Por varias razones: Las enfermedades con origen zoonótico, ya tienen vacuna, la han tenido siempre, se llama biodiversidad. Nuestra forma irresponsable de estar en el mundo es la causante de prácticamente todas las enfermedades con origen animal. No veo solidaridad en ponerme un pinchazo y seguir consumiendo sin control, ni conciencia, y provocando la desparición de la biodiversidad. En realidad, vacunarse es la opción más egoísta para terminar con la pandemia. No veo solidaridad en el acto de ponerme tres pinchazos, cuando hay países donde la gente no se han puesto ni uno. El único argumento que me convence a medias es el de no colapsar la sanidad pública, pero con matices.

A nuestros sistemas de salud les hacen falta medios, era algo evidente, pero nos venimos a acordar ahora con una pandemia, cuando por ejemplo, aquí en España, las Mareas blancas salían a protestar y la gente del PP privatizaba o la saqueaba. O en México, donde hemos permitido tener cuatro o cinco sanidades con las que no hacemos una sola de buena calidad ni universal. Llamamos héroes o heroínas al personal sanitario, pero media España vota y votó a quién la ha saqueado, privatizado y desmantelado.

La pandemia no ha sacado ni lo mejor, ni lo peor de nosotros, solo ha sido un espejo más, donde reflejar nuestras miserias y nuestra destructiva manera de existir. Por ejemplo, el pasaporte COVID me resulta de lo más injusto que hay, nos hace perseguirnos las unas a las otras, convierte a la gente normal en policía, en sospechosas, en delincuentes. Y finalmente se ha demostrado que no evita contagios, solo sirve para persuadir a la gente para que se vacune y se pinche tres veces como yo. Se han vacunado a los niños y niñas para proteger a la población adulta, la gestión de la pandemia ha sido adultocentrista y nos hemos encargado de joderles la vida, de todas las formas posibles.

La Organización Mundial de la Salud y la Agencia Europea del Medicamento, ya cuestionaron la tercera vacuna de refuerzo, también vacunar a niños y niñas, el pasaporte COVID y cerrar fronteras o prohibir vuelos de zona con incidencia alta, porque todos esos recursos son injustos, insolidarios, inútiles y no acaban con el virus, al contrario, y además crean una falsa ilusión de seguridad.

Tengo mi pasaporte COVID para hacer lo único que me interesa. Tres pinchazos a cambio de volar, a mí me sale a cuenta, pero no lo veo justo.

Augusto Metztli.

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