Bebeleche

Desde lo alto del hotel Fontan puedes ver la Torre Latinoamericana, la Alameda con sus jacarandas, también la avenida Reforma con sus edificios emblemáticos. Un poco más allá, zonas como la Narvarte, o la Colonia del Valle. Ahí hay un edificio con una forma rara, que me parece era de la aerolínea «Mexicana», sobre la calle Xola, muy cerca de los condominios donde vacacionaba y jugaba de niño.

En el inmenso patio, donde también estacionaban sus coches los y las vecinas de los condominios, mis primos, amigos y amigas, jugábamos toda la tarde y parte de la noche. En la enorme superficie gris del pavimento, dibujábamos con el gis todo tipo de juegos, como el «Bebeleche» con forma de avión (sigo sin saber el motivo de llamarlo así), o el «Stop», que era un círculo con esa palabra escrita en el centro, y en el perímetro de la circunferencia escribíamos los países que nos apetecía representar. La frase que decía el primero en jugar era: «Declaro la guerra en contra de mi peor enemigo que es…» entonces todos y todas corríamos, después gritaba ¡stop! para que nos detuviéramos, a continuación, nombraba a uno de los países escogidos y después debía adivinar los pasos que habían para llegar a su peor enemigo. Y así sucesivamente…

Lo pasábamos muy bien, y nuestros divertimentos eran ilimitados, «bote pateado», «fajo escondido», «fútbol», «escondidillas», «quemados» y » las traes». Llegábamos al departamento sudados y hambrientos, solo pensando que fuera el siguiente día para repetir.

Al ser la época de la «Guerra fría» en el «Stop» siempre escribíamos USA o Estados Unidos, porque así le decimos en México, a lo que aquí mal llaman América, también la URSS y algunos países europeos. La palabra «guerra» no tenía ningún significado, ni la de «peor enemigo». Era un juego.

Ahora en plena invasión de Rusia a Ucrania, recorriendo el supermercado, vi la zona de lácteos vacía, por la huelga de transporte y por las compras egoístas de pánico (por la guerra) que hace la gente, y pensé: No bebo leche, que a su vez me remitió al juego del «bebeleche» y a la ciudad, a la Narvarte, y a los dibujos con gises sobre el suelo, todo lo demás vino de golpe. Los tiempos raros, rarísimos, me llevan a la infancia, supongo que es refugio… supongo que a ti también te pasa.

Augusto Metztli.

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