El último duelo sigue siendo como el primero

No me había dado cuenta que las películas que había visto hasta ahora de Ridley Scott eran feministas: Thelma y Louise, Alien, La teniente O’neil, y la que acabo de ver, El último duelo. No las había relacionado entre sí.

Cuando estrenaron Gladiator, trabajaba en Cinemark en la Ciudad de Guadalajara. Eran unos cines ubicados en el centro comercial Millenium, que era muy peculiar por ser subterráneo. Tenía jornada de estudiante, porque iba en segundo o tercer año de la carrera de Arquitectura. Como era el encargado de revisar que todo estuviera en orden dentro de las salas mientras proyectaban la película, vi muchas veces escenas de Gladiator, además de que la fui a ver ahí mismo, porque teníamos pases gratis. Lo que hacíamos era ir un poco antes de que empezara nuestro horario de trabajo, ver la película que nos apetecía y después comenzar el turno.

Carlos, mi compañero de la universidad, me pidió que le guardara un display de cartón de la película, se veía el Coliseo y al actor Russell Crowe con armadura y espada. Se lo pedí a mi jefe y se lo regalé a mi colega. Le hizo mucha ilusión tenerlo.

Al parecer esta última película de Ridley Scott, no tuvo tan buena acogida como por ejemplo sí la tuvo Gladiator, que duró semanas en cartelera. Quise ver «El último duelo», para conocer los motivos para no ser un éxito. A mi me gustó mucho. Pero entiendo que aquello que me hizo gracia, pueda no hacérsela a otras personas. La historia es real y sucedió hace más de 700 años, narra una violación desde el punto de vista de las tres personas implicadas, lo que significa, que se repiten tres veces los mismos acontecimientos, con las variaciones de la percepción de cada uno de los personajes.

Las primeras dos versiones de los hechos, son desde la perspectiva de dos hombres, uno es el esposo y el otro es el violador, la tercera versión es de la mujer violada. Todo el machismo, la moral, y la perversión católica y monárquica, se siente y desespera a cada minuto que dura la película. No sabía que el recurso del duelo, se utilizaba para manifestar la voluntad y verdad de dios, aquí en la tierra. Los duelistas eran instrumentos divinos, de tal forma que el ganador era el que decía la verdad según dios, y el que moría en el duelo era el que mentía. Tampoco sabía que la única forma para que una mujer quedara embarazada, consistía en que sintiera placer en el «acto sexual», de lo contrario no había embarazo.

Según la película, me dio la impresión de que la situación de la mujer, del conocimiento científico y de nuestra forma de relacionarnos, ha cambiado muy poco desde la edad media. Hace años leí un libro que se llama «El misterio de las catedrales» y ahí los maestros albañiles, hacedores de templos, guardaban celosamente sus conocimientos, para que nadie hiciera rosetones o pináculos como los de ellos. Algo similar sigue sucediendo, por ejemplo, con las patentes o con los círculos de poder.

Me quedó mal el cuerpo, al ver una narración de hace 700 años parecerse al día de hoy.

Augusto Metztli.

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