Izquierdas

El problema de las izquierdas, desde mi humilde punto de vista, es la tendencia patológica a la riña, a las luchas intestinas. En ocasiones, las izquierdas han demostrado tener la soberbia y ridícula propensión a creerse únicas, un poco como el cuento de que solo hay un dios verdadero. Nosotros somos la izquierda, la verdadera izquierda, los demás son sucedáneos, lobos disfrazados de corderos que solo buscan ocupar sillones, obtener el beneficio personal a través del partido. Ese discurso -a pesar de que es cierto lo de los lobos y los sillones- resulta tremendamente aburrido.

No necesitamos izquierdas antagónicas, sino aliadas a través de proyectos vinculantes y puntos en común. Necesitamos izquierdas socialistas, progresistas, feministas, ecologistas, anticapitalistas. Necesitamos izquierdas capaces de reformular el actual modelo de desarrollo y crecimiento, de pensar en el interés común, de optar por una nueva política fiscal y de redistribución de la riqueza, de apostar por la educación y la sanidad públicas, de esforzarse por no dejar a nadie atrás fortaleciendo el escudo social. Necesitamos izquierdas coherentes, comprometidas, luchadoras; izquierdas que cumplan programas y que no se queden en el eslogan de campaña,

Las discrepancias, divergencias, desacuerdos existen, como es obvio, y deberían ser útiles para abrir debates críticos -más bien autocríticos- que sirvan para evolucionar y construir partidos que escuchen e interpreten las realidades y necesidades no solo de sus votantes, lo cual sería una aberración -y esto es algo que, sin embargo, ocurre-, sino de toda la sociedad. De nada sirven las rencillas, las disputas, los insultos y descalificaciones; de nada sirven las absurdas demostraciones de pureza -“yo soy más de izquierdas que tú”- y de lealtad a un líder mesiánico. Se nos está pasando el arroz. Mientras tanto, otros aprovechan el tiempo que nosotros estamos perdiendo. Llegados a este punto, si las izquierdas aun no se han dado cuenta de que necesitan converger, aunar fuerzas y consolidar proyectos sólidos que no sean antagonistas -y que no busquen el exclusivo protagonismo y, en consecuencia, la eliminación de otros- acabarán siendo reducidas de manera significativa del escenario político y eso, como ya estamos viendo, puede tener graves consecuencias para todos.

Fernando Prado.

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