Cuál es nuestro lugar

En México hay mucha gente descendiente de exiliados y exiliadas republicanas, que cuentan más o menos la misma historia: Sus familiares llegaron al puerto de Veracruz, al desembarcar se les preguntaba a qué se dedicaban y su respuesta, era su profesión reconocida en todo el país, así sin más.

Cuando llegué a Galicia, hace casi quince años, hice mi primer visita al INEM para darme de alta como buscador de empleo y como todos mis papeles de estudios carecían de validez en España, la funcionaria me dijo que me haría el favor de registrarme con la primaria, por lo tanto constaría que sabía leer, escribir, sumar y restar.

Intenté homologar arquitectura, me habían dicho que se podía hacer de dos maneras, homologar como nivel de estudio o como profesión para ejercer, al final no sé qué pasó, pero me llegó una carta donde me pedían hacer en un plazo inferior a cuatro años, el proyecto de fin de carrera en cualquier universidad española. Varios cientos de euros después, ahí dí por terminada mi aventura con las homologaciones, lo último que me apetecía era volver a una universidad a estudiar lo mismo. Lo que sí, en «la oficina del paro» me pusieron que tenía el bachillerato en lugar de la primaria.

Hay muchas cosas que no puedes hacer en España siendo residente legal como yo: No puedes participar en la política municipal, ni en ningún otro nivel, no puedes votar, no puedes opositar para optar a ciertos trabajos, hay créditos financieros para estudiar a los que no puedes acceder; pero las obligaciones, sí las tienes todas, y en ocasiones más.

Debemos reafirmar una y otra vez que somos de fiar, que somos buenas personas, que somos trabajadores, que somos educados, que no somos delincuentes y lo más importante, que nos integramos. Esa palabra… «integrarte» a los usos y costumbres de la gente oriunda y de bien.

Con el tiempo de migrante, acabas sintiendo que nunca terminas de llegar, ni nunca terminas de irte. Eres el extranjero, en donde naciste y en donde migraste.

Aquí te dicen «panchito», allá te cobran los servicios como turista, eres «de fora» en cualquier sitio. Cada vez más a menudo me pregunto: «Cuál es mi lugar», supongo que el espacio de transición.

Por eso ahora me resulta conmovedor ser consciente de que pertenezco al colectivo de personas migrantes, porque todos ellos y ellas, viven exactamente en el mismo espacio que yo, lo que hay entre «irte» y «estar».

Augusto Metztli.

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