Corre, que ya vas tarde

¡Corre, que ya vas tarde!, te dices. Que es Navidad y como no te vayas ya no encontrarás dónde aparacar, estará todo petadísimo y será un agobio. Luego ya sabes lo que pasa, que te pones de mala leche y te acabas yendo sin comprar nada; y lo peor es que tendrás que volver otro día. Bueno, siempre acabas volviendo porque siempre necesitas algo más o te has olvidado de alguien. ¡Buah!, qué pereza ¿no?. No te apetece nada coger el coche, con lo cara que está la gasolina, y meterte en un atasco. Es curioso, piensas, que todo el mundo salga a la misma hora y vaya a los mismos sitios a comprar las mismas cosas. Cada año te cuesta más, pero es un patrón de conducta, reflexionas. Te mueves con la masa, es como estar atrapado con un montón de peña en un enorme chicle ensalivado y pegajoso que se estira y se estira; y no puedes escapar. Pero cada uno a su bola, libre albedrío, eso es la libertad. Te quejas por vicio, o algo así, porque en el fondo te gusta sentir que formas parte de una sociedad activa, en continuo movimiento. A ver, corta el rollo y acaba de irte de una vez.

Fernando Prado.

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