A ver la ballena

En el 2007 mi amigo Carlos Vázquez me regaló más de medio centenar de discos, entre ellos estaba toda la discografía de Nacho Vegas, me llevó casi un año escuchar y descubrir toda esa música nueva, y me fui quedando con algunos autorxs como mis favoritos: Beirut, Antony and the Johnsons, The Arcade Fire y Nacho Vegas.

En ese momento no sabía que muchas de las cosas de las que habla en sus canciones o incluso el idioma en que canta es bable y que pertenecen a Asturias, me encanta su sonoridad y todo lo local que cuenta en ellas.

Quince años después, me han regalado el disco doble de «Violética» (por Violeta Parra) de Nacho Vegas. El disco es una caja cuadrada con un librillo y dos fundas para cada uno de los CDes que contiene, está deliciosamente ilustrado por Miguel Brieva. Las letras de todas las canciones vienen escritas en el librillo, además de un apartado de «notas», donde explica el tema o el origen de algunos de los temas. Ambos discos son muy buenos, da gusto escuchar material hecho desde la libertad, donde se ve que se habla de lo qué quiere y cómo quiere. Sin estar pendiente de tracks de corta duración para las plataformas o con «inicios estudiados» para captar la atención del escucha.

De todos los temas, hay uno que me llamó más la atención, es el cierre del disco y se llama «A ver la ballena». La frase «A ver la ballena» es un dicho popular en Gijón, en esta web de calcetines (con el mismo nombre), lo explican muy bien.

La letra de la canción, sucede en dos ritmos, una parte es cantada y musicalizada como vals, y la otra es una narración hablada, que amplía y puntualiza la información, es veloz y acompañada de instrumentos eléctricos y distorsiones. La historia no es real, es una ficción que parte de un hecho verídico que sucedió cien años antes, pero llevado a la actualidad, cuando en una playa de Guijón apareció una ballena muerta.

En resumen: Encuentran a la ballena viva, varada en la playa cerca de la desembocadura de un río, lo que se le llama «una ría», el pueblo entero intenta regresarla al mar, no lo consiguen y muere. Lloran por su muerte, pero de repente, comienzan a comerla, primero cruda, después cocinada a pie de playa, una cadena de supermercados la descuartiza y vende la carne en sus estanterías, hay protestas de ecologistas y animalistas, pero no lo consiguen evitar. La ballena queda en los huesos. Miles de personas enferman de diarrea y miles de ellas mueren. Todo el pueblo se siente responsable de la tragedia, a la cadena de supermercado la multan (simbólicamente), cierran y abren una nueva con otro nombre. Pasan los años y aquel evento trágico, la gente lo reconvierte en una fiesta con bailes y sidra. Y cuando van, dicen: Vamos a «A ver la ballena». Los únicos que recuerdan todo lo sucedido con remordimientos son las y los viejos del pueblo.

Es la humanidad y el capitalismo concentrados en una canción. Donde se va de la compasión y la solidaridad, a la crueldad, al egoísmo y al engaño a causa de la ambición, la irreflexión, y termina con el olvido y la manipulación.

«A ver la ballena
Voy a ver la ballena
A ver la ballena
La inmensa alegría que nos dio la mar
A ver la ballena
A ver al sagrado animal
Vamos a ver la ballena
A beber y a bailar…»

Es una canción, medio podcast o un audio cuento. Me sorprendió, me conmovió e inquietó, como las grandes obras, en lo pequeño y local, encuentras a la humanidad entera.

Augusto Metztli.

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