Así ha sido mi experiencia en la feria del libro de Vilagarcía, el pueblo donde vivo

La feria del libro de Vilagarcía, el pueblo donde vivo, se llama «Cidade de libro», la primera que organizaron en el 2021 no me enteré, pero para la segunda, la del 2022, les escribí para presentar «Los cuentos de Cuenta Sin Contar…» de Bilal Traoré, un libro de nuestra editorial «Tazalunarbooks» y ver si podíamos tener una caseta para vender el resto de nuestras publicaciones. La respuesta del ayuntamiento fue: sí a la presentación, y no a tener la caseta, al parecer ninguna editorial podía participar exceptuando Galaxia, el resto de casetas eran librerías del pueblo, la biblioteca y alguna asociación local. Tres días antes de que empezara la feria, me llamaron para decirme que Galaxia no quería participar los primeros días en la caseta, porque en la feria anterior esos días fueron los más flojos y no querían perder su tiempo, como la organización pensó que tener la caseta tres días cerradas «se vería mal», pensaron en ofrecernos ocupar ese hueco. Dije que sí, estar era una manera muy evidente de mostrar las incongruencias del ayuntamiento, ocupamos la caseta de Galaxia de lunes a miércoles, y coincidió bien, porque la presentación fue en martes. Me hizo mucha ilusión participar, a la presentación fue mucha gente y pudimos dar a conocer nuestro proyecto editorial en el pueblo donde vivimos y trabajamos. Pero de inicio ya fue injusto el trato del ayuntamiento.

El siguiente año no participamos porque Galaxia tampoco lo hizo (no le salía a cuentas hacerlo), ni ninguna editorial, lo que sí hicimos fue presentar «Florilexio» y «Huacal». Para el 2024 cambiaron el criterio y por fin dejaron participar editoriales, así que tuvimos caseta toda la semana y pudimos presentar «Cuatro páginas». Poco a poco fui notando que la feria no es una feria del libro al uso, es más bien como una especie de eventos literarios de autores y autoras conocidas, donde en los horarios más tempranos dejan participar a gente «sin nombre ni tirón» (como nosotrxs) y de paso hacen actividades para infancias, y ponen decoración referenciando a los libros por sitios estratégicos de la ciudad, e incluyendo las casetas de venta de libros, como para que se vea una feria, «feria».

Curiosamente ha pasado, que cada vez les cuesta más trabajo encontrar a quién quiera participar en las casetas de venta de libros, porque varias librerías del pueblo decidieron no participar ya que el ayuntamiento apenas hace caso de las sugerencias de los propios feriantes, pues hay muchos fallos y desorganización. El año pasado más o menos siguieron en su línea, pero este 2026, «se lucieron». Las llaves de las casetas las entregaron mal y tarde, las casetas estaban muy muy sucias, algunos letreros con los nombres de cada proyecto estaban mal escritos y no lo corrigieron hasta varios días después, cerraron el auditorio por las tardes del fin de semana y por lo tanto los baños, movieron los horarios de las presentaciones, (incluyendo la nuestra) porque una escritora de las famosillas, solo podía venir ese día, así que nos recorrieron al resto. La comunicación con la organización fue nula, como mucho nos preguntaron cuántos micros. No ofrecieron donde aparcar los coches como en otros años, tampoco estuvieron pendientes de repartir agua en plena ola de calor.

Entonces entendí qué somos para la feria del libro del pueblo, somos «un decorado», una caseta de madera con alguien adentro vendiendo libros, un decorado que ocupa un espacio y que permite denominar a ese evento «Feria del libro», lo más importante y lo único que cuidan son a los autores y autoras «de renombre», les llevan, les traen, les hospedan y les pagan.

Lo mejor que nos ha dejado la feria, han sido las amistades y acercamientos gremiales, la gente que ha ido a nuestras presentaciones, que ha comprado nuestros libros, que repite y acaba teniendo todo lo que hemos publicado. Las conversaciones y el frescor de ese precioso parque.

Suelo poner en una balanza y asumir cierto maltrato institucional con tal de ocupar un espacio como migrante en eventos blancos heteronormativos como la «Cidade de libro». Pero como todas las personas tengo límites, y cuando se pasan, paro y reacciono. Aunque en realidad no pedía mucho, yo me daba con que nos trataran bien, con respeto e hicieran caso a algunas de nuestras sugerencias.

Para ser solo un decorado, prefiero ser una ausencia, por eso me uno a los que no estarán en la próxima feria.

Augusto Metztli.

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